Sucre, 1977

Cuando íbamos bajando hacia el centro de la ciudad dos hombres llegaron corriendo hasta nuestras espaldas. Eran dos cholos de alrededor 30 años. Uno de ellos parecía asustado. Mientras que sus ojos se mantenían abiertos muy grandes y muy negros nos dijo apurado : « Vengan, señores, a salvar una niña, que un hombre la quiere matar, que la está pegando ». Y desaparecieron los dos.

Nos quedamos muy quietos y luego, todos a la vez comenzamos a traducir para los alemanes. Antes de terminar la « versión inglesa » uno de ellos, con sus piernas largas, comenzó a marchar ligero hacia la dirección indicada casi vagamente por los dos hombres.

Atravesamos la calle todos juntos, aunque alguno haya comenzado a decir que era mejor deternerse y pensar, antes de continuar.

En la siguiente cuadra cruzamos una pareja que se paseaba lentamente con un niño en los brazos. Preguntamos por una niña que era castigada y nos indicaron más lejos. Metros más lejos, bajo unos árboles, encontramos una mujer por tierra y un hombre sobre ella. Uno de los alemanes se detuvo, observó y con un cuerpo que se movía respetuosamente, preguntó con una voz mucho más respetuosa todavía : « Buenas noches, señor. Todo está bien ? ».

El hombre se levanto rápidamente. La mujer permaneció acostada. El vestía de oscuro y llevaba una guitarra en banderola a su espalda. « Mi esposa está borracha y siempre cuando esta así se pone mala y caprichosa ». Se inclino para ayudar con gentileza a levantarse a la mujer que lo rechazó y se incorporó sola, rechazándolo nuevamente, con un gruñido, cuando él quiso tocarla. « Ven lo que les decía ? Se pone caprichosa ».

El alemán saludó siempre respetuosamente y siguió caminando. Nosotros, detrás. Todos íbamos pensativos. « Bueno, no es una chica… Esos hombres exageraron, debe tener unos 30 años… Yo no creo que le estuviera pegando…Más bien uno diría… » Todos callamos.

Quién fue el primero en girar y regresar hacia la pareja ? No sé.

 « Buenas noches, podemos ayudarle ? ». « No, gracias, yo voy a buscar un taxi para llevarla a casa ».

Sin hablar, continuamos el camino con el hombre de la guitarra que seguía intentando acariciar a la mujer. (Acariciar ?) Y esta que se sacudía las manos masculinas siempre con un gruñido. Llegamos  nuevamente a la gran calle. Estabamos perplejos. Qué sucedía realmente ? « Si es su mujer no tenemos derecho a meternos ».

La pareja giró a la izquierda y nosotros titubeamos todavía. « No hay nada que hacer aquí, dijo alguien, nos vamos ».

Un taxi llegó. Los otros seguían caminando.

No sé por qué yo, que hasta entonces me había sentido totalmente incapaz de comprender, me quedé atrás para observar al hombre y la mujer.

Cuando el taxi de detuvo, la mujer abrió la puerta precipitadamente y entró.

En ese momento un grupo de personas apareció saliendo de la oscuridad que hasta entonces habíamos creído solitaria.  Se acercaron rápidamente del hombre de la guitarra, lo arrinconaron contra el taxi y uno lo cacheteó. Su cabeza golpeó contra el automovil.

 Los hombres de mi grupo se interpusieron.

Me incliné hacia la ventanilla. « Señora, podemos ayudarla ? Quiere irse sola ? ». La mujer gruñó casi y pareció decir « Sí » con la cabeza.

El taxi se fue. Y nos quedamos allí, defendiendo al hombre, hasta que el grupo de la calle se alejó.

 

 

 

 

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