La rebelion permanente

ó Paria, en la temprana fecha de 1535, es fundada por Almagro en el vasto territorio que s tarde llamado, por los españoles, el Alto Perú. A apenas algunas horas de marcha hacia el este, se encuentra un grupo de montañas que los invasores, entonces, miran con indiferencia. Cómo explicar esta falta de interés, cuando sabemos lo que la Historia les reserva?

Quizá los habitantes de la zona, que no saben que serán llamados durante siglos (y también en este sitio web) indios, se callan. Entonces, serían los indios de la zona que habrían logrado ocultar las riquezas que encerraban esas alturas entre Paria y el lago Poopó?Aquí, como en otras zonas del Tawantinsuyu, los comunarios han explotado las minas de metal argentífero para los Inka y los curaca. (Berthelot 1978, pp. 952 passim). Aquí, como en otros lugares durante un buen tiempo, los esfuerzos para ocultarlos de la avidez de los nuevos señores son eficaces. En algún momento el secreto no puede ser más mantenido y ya en 1595, el sacerdote Francisco de Medrano explota una mina en Oruro. Otros aventureros se agregan y en poco tiempo un caserío irregular se forma, cercano a las montañas donde se encuentran los filones llamados Pie de Gallo, La Flamenca, La Colorada, San Cristóbal y Socabón en las montañas Pie de Gallo, La Tetilla y San Cristóbal.

En 1605, los mineros reclaman un estatus legal para ese sitio formado de casas, minas e ingenios (Blanco 1903, p. II). Una respuesta positiva significa que podrán acceder a los privilegios que gozan sus colegas de Potosí: trabajo forzado de indios en las minas, concesión de mercurio para refinar el mineral, derecho de elegir sus propias autoridades jurídico-políticas. Por otra parte, la percepción de quintos (impuesto a la producción minera)  puede despertar el interés de la Corona, que aceptaría la creación espontánea de este establecimiento español. Urge acceder al estatus de «villa» porque los mineros potosinos comienzan a manifestar su hostilidad hacia esas explotaciones que podrían quitarles los privilegios adquiridos, así como el aprovisionamiento de mano de obra y de materias primas.

Los oidores de la Audiencia de La Plata, a quien se ha dirigido el pedido, soportan difícilmente la autoridad de la Audiencia de Lima y de la Cámara del virrey. El momento elegido por los futuros orureños es propicio: aprovechando del interregno que sigue a la muerte del virrey, conde de Monterrey, la Audiencia decide aceptar el pedido y tomar las disposiciones administrativas necesarias, sin esperar la llegada de la nueva autoridad suprema y, más aun, sin consultar las autoridades de Lima.

El oidor Manuel de Castro y Padilla tiene mandato para hacer una inspección del sitio. Tiene poder para fundar una villa, si la situación le parece propicia. El gobierno de La Plata había, anteriormente, enviado una comisión compuesta por el corregidor de la villa de Salinas y de un especialista de minas, Diego de Velazco, que había presentado un informe positivo. La Audiencia la  había transmitido al conde de Monterrey, poco antes de su muerte. (Blanco 1903, II-III)

El oidor descubre un villorio que vive y se desarrolla. Constata que la producción de plata es importante a pesar de la falta de agua que obliga a transportar el mineral, para su molido, a algunos kilómetros del lugar, hasta el río Sepulturas.

El 1ro de noviembre de 1606, Castro de Padilla, para firmar el acta de fundación de la Villa de San Felipe de Austria, abre, por la primera vez, el Becerro, el Libro de Cabildo. El 9 de noviembre, los miembros del flamante concejo municipal (el cabildo) piden que el mercurio (llamado entonces azogue) les sea vendido a 60 pesos ensayados, es decir 10 pesos menos que lo que pagan los potosinos. El argumento es que los gastos de transporte son reducidos porque la ruta que une Oruro al puerto de Arica es más corta de 40 leguas que el camino de Potosí a Arica. Piden, también, que el comercio sea exento del pago de alcabalas y ello durante 50 años, y que los quintos sean reducidos al décimo. Piden, también dos días de mercado por semana y que el producto de la sisa sobre la carne y sobre el vino sirvan a financiar los trabajos públicos de la villa. Además, quieren percibir un porcentaje sobre todas las mercaderías de origen europeo o americano afin de pagar la construcción de puentes y de caminos y ello durante 15 años. Reclaman, también, 3.000 indios de las provincias de Paria y de Carangas para el trabajo minero y 500 otros para los trabajos públicos y la construcción de edificios privados. Los mineros quieren obtener los mismos privilegios que sus homólogos de Potosí y, sobre todo, aquel de ser considerados hijosdalgos. (Blanco 1903, pp. XV-XVIII)

Manuel de Castro y Padilla acepta 15 de 1os 17 pedidos. No admite que el quinto sea reemplazado por el décimo bajo pretexto que los gastos de explotación son elevados. El Oidor piensa que una buena producción permitirá pagar los impuestos habituales. No acepta tampoco que las penas de Cámara (multas pagadas por los funcionarios reales) sean percibidas directamente por la villa para pagar los trabajos públicos. (Blanco 1903, pp. XIX-XXIII)

El Oidor transmite los documentos a la Real Audiencia.

El 6 de marzo de 1607, la Audiencia de La Plata confirma la fundación de la villa.

El marqués de Montesclaros, flamante virrey que no ha aceptado el acto del oidor pero a quien los habitantes de Oruro envían una súplica para que enterine la creación, recuerda el 25 de marzo de 1610 que

«habiendo su Majestad declarado pertenecer al Gobierno de estos Reinos por vacante de Virrey, a solo esta Real Audiencia de los Reyes y tomase en si el Gobierno».

Traduzcamos: Lima es la sola a tener la autoridad real.

Envía, entonces, el virrey al corregidor de La Paz, Diego de Portugal para que le haga, una vez más, un informe personal sobre el interés de conservar Oruro. De nuevo, el parecer es positivo. Ante ello el virrey confirma la existencia legal de la villa pero se reserva el derecho de designar las autoridades municipales. Así anula todas las elecciones hechas por el cabildo y todas las ventas de cargos (ciertos puestos en el gobierno municipal pueden ser comprados). (Blanco 1903, pp. XXIII-XXV).

La hostilidad de Lima se manifiesta desde temprano. Después de se ver negar el privilegio de la mita, Oruro tiene dificultad para obtener la materia prima necesaria a la industria minera, el mercurio. Un informe de la Audiencia de La Plata al Concejo de Indias de 1607 menciona esta actitud de Lima. Los oidores, que deben dar cuenta al Rey de su política considerada como rebelde o independiente, justifican su decisión por los impuestos percibidos en sólo seis meses: 106.796 pesos de plata ensayada además de 109.800 pesos producidos por las ventas de los cargos y los alquileres de las minas. Se precisa que este emplazamiento produce la plata sin dañar a los intereses y a los privilegios de Potosí.

«En suma decimos agora que a Potosi no le hemos quitado un indio de los de su departamento, y que para el beneficio de los metales de Oruro se ha dado muy poco azogue hasta ahora, no siento esto de consideracion para damnificar a Potosi».

(ANB, EM T.86 D. 678)

 

Tres meses más tarde, los oidores insisten ante el Concejo a causa de la actitud del marqués de Montesclaros quien ordena que la Audiencia de La Plata no provea Oruro en mercurio, a pesar que la Cajas Reales (el fisco real) de la nueva villa hayan percibido, en nueve meses y sin ayuda, 250.000 pesos en quintos. (ANB, EM T. 86 D. 683).

A pesar de la hostilidad manifiesta de Lima y de Potosí, y quizá gracias al apoyo de las autoridades de La Plata, Oruro prospera durante varios decenios.

Un año después de su fundación, Felipe Godoy nos muestra en un informe

«Quinientas y veynte personas entre vecinos, pobladores, mercaderes y officiales de diversos officios muchos dellos casados y con muchos hijos casas y familias que viven de su trabajo»

(AGI, Charcas 32 Informe de Felipe Godoy, fs 48. Cf tambien Blanco 1904)

 

Además de estos 520 jefes de familia se agregan otros 369  que se dedican a la minería, 6 transportadores de metales, 2 maestros especializados en la construcción de ingenios A estos vecinos (habitantes, hoy decimos ciudadanos, con plenos derechos) se pueden todavía agregar 192, en total 700 que vivent con sus familias en unas 700 casas. Son presentes, también los artesanos, comerciantes, peones y vendedores necesarios a la vida de la villa.

Treinta años más tarde Oruro sufre ya el mal que marcará toda su vida colonial: los conflictos de intereses entre mineros. Las luchas intestinas deterioran la calidad del trabajo y si Lima acepta durante algún tiempo todavía de enviarle indios mitayos como mano de obra, el bajo rendimiento del conjunto de las explotaciones lleva al virrey a retirar definitivamente a Oruro el privilegio y los beneficios de la mita.

El Virrey lo recuerda en su Memoria.

 «Es un pueblo muy regalado de todo genero de frutas que le entran de muchos valles circunvencinos, su pan, vino y carnes y pescado fresco es lo  mejor y primero de la provincia y todod barato, es al fin la escala y puerto seco de todas las mercaderias que suben a Potosi y esta ciudad (La Plata) de las provincias de abajo»

 «Y pareciendome que convenia alterar las minas de Oruro por lo mucho que prometian, ordené que estos indios acudiesen a ellas, y porque por las inquietudes continuas de aquellas y la poca atencion al beneficio de sus minas, no solo no acrecentaron los quintos, sino que han tenido conocida quiebra, les volvi a quitar la mita y la incorporé con la de Potosi»

 (Memorias de los Virreyes, 1921, vol. I, p. 251)

 

La descripción de Pedro Ramírez del Aguila, en 1639, confirma esta situación. La riqueza del sitio es percibida como perteneciente a una época pasada cuando había más de 500 vecinos pero en el momento de escribir su crónica, apenas quedan 300 españoles y 2.000 indios. La merma de la producción no es tan evidente, al menos para Ramírez del Aguila quien precisa que los «quintos de Su Majestad valen quinientos mil pesos». (Ramírez del Aguila, 1975, p. 109)
. El valor del texto, corto, que este autor consagra a Oruro reside en la calidad de la información – sintética pero exacta – que nos aporta sobre la situación comerciante de la villa en la cual «se explotan todavía las minas»: el mercado es aprovisionado en alimentos frescos que llegan de los valles de Cochabamba, donde los precios son bajos. Es igualmente un cruce de caminos (ya en esa época!) en la redistribución de los circuitos del Alto Perú.

Al principio de su historia, esta villa nacida del espíritu empresario de los buscadores de plata y del espíritu de autonomía y aun, de independencia, de la Audiencia de La Plata presenta ya los elementos que la caracterizarán durante los dos siglos siguientes: conflictos entre los propietarios de minas, los azogueros; quiebra y cierre de las minas aunque la producción general sea estable; oferta constante de alimentos y en abundancia y a precios bajos; y, en fin, pasaje obligado del tráfico de mercaderías entre el Pacífico y Potosí.

Extraído y traducido de mi tesis de doctorado:" Les places marchandes d’Oruro. Stratégies commerciales et rapports de pouvoirs (XVIIIe - XXe siècle)", E.H.E.S.S., Paris, 1987

 

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014