Papeles de negocios

Para asegurarse el pago posterior de las operaciones comerciales, en los siglos XVII y XVIII, se utilizan diferentes tipos de procedimientos.

La obligación o contrato más sencillo es la escritura notarial en la que se inscribe el lugar de la operación, la fecha, el nombre del comprador, el monto comprado, el nombre del vendedor y los  términos del pago. A este modelo suele agregarse una cláusula sobre las demoras, los plazos suplementarios que podría pedir el deudor: el aumento fluctúa entre 5 y 6% durante el siglo XVIII.

Si esta cláusula falta en la escritura notarial y hay defecto de pago, las partes consideran que se debe comprender que los intereses son los « habituales en el comercio », es decir, 6%. Otra cláusula sobreentendida en estos contrato es el plazo de pago: según las Ordenanzas de Bilbao, a los 4 meses de recibida la mercadería, el comprador debe hacer efectivo el pago.

Si el vendedor se encuentra en la misma ciudad que el deudor, la entrega de la suma debida es acto sencillo, el pago pasa de una mano a la otra. En algunas ocasiones, se prefiere anotar al margen del acta notarial la fecha del pago o, si hay retrasos, los pagos parciales que se realisen.

Cuando el acreedor se encuentra en una ciudad distante, como Cuzco, donde estan establecidos la mayoría de los proveedores de los comerciantes de Oruro, el transporte de la suma debida es realizada por los « dueños de recua », los arrieros que realizan periódicamente el trayecto entre ambas ciudades. A falta de circuitos bancarios o financieros, las actas notariales de fletamento, de dinero o de barras de plata y oro, sugieren frecuencias de intercambios y volúmenes globales de dinero en circulación que de otro modo nos serían desconocidos.

Los registros de escribanos coloniales que, luegos de años de estancia ignorada en el fondo de los archivos, han sido sacados a la luz hace ya unas décadas por los historidores americanistas, presentan un inconveniente, en ningún caso representan el total de las operaciones realizadas en una ciudad, sino que son una parte, la visible, de toda la actividad comercial de una zona.

No todas las operaciones son solemnizadas por una acto notarial y no todas las actas notariales – a pesar de su costo – son hechas a la ocasión de una operación importante. Si las compras de bienes immobiliarios parecen dar habitualmente lugar a un protocolo, el resto de la vida de negocios es mucho más sujeta a todas las combinaciones posibles de documentos registrados en notaría : privados y concertados ante testigos, privados y con la firma de los dos interesados o, aun, orales.

Otro medio utilizado para realizar los pagos comerciales son las letras de cambio y los vales propios o de terceros. En las primeras, que se firman sin la presencia del notario o de testigos, se indica lugar, fecha, cantidad a pagar, el nombre de la persona favorecida, de quien es lo recibido y su calidad (dinero, mercaderías). A estos datos se agregan el nombre contra quien se libra la letra y el domicilio, plaza, donde debe ser pagada. Tienen la misma fuerza que un acta notarial, en caso de litigio. Pero la diferencia sustancial entre letra y escritura es que esta última es intranferible y aquélla puede ser endosada repetidas veces, dando agilidad a las transacciones financieras.

Las letras son usadas solamente por los comerciantes al por mayor, porque para librarla es necesario tener fuertes vínculos comerciales y financieros con otros comerciantes, especialemente en otras ciudades. Por esta razón, el comerciante minorista se vale casi exclusivamente de la escritura notarial o del vale. Desde el punto de vista formal, este documento no varía mucho de la letra de cambio, salvo la diferencia, importante, de no ser librada sobre otro comerciante sino sobre el mismo firmante. Como la letra, el vale puede ser endosado varias veces.

Decíamos más arriba que los documentos comerciales oficiales (actas notariales) son confeccionados para todo tipo de operación y entre todas las clases sociales. Se encuentran en los registros notariales, actas firmadas por indios por cantidades nada importantes, como sucede tambien con los criollos o los españoles. Aun entre indios se utiliza los servicios del notario. Cuando uno de los firmantes es indígena, se hace obligatoria la presencia del protector de los naturales. Esta « protección » no existe cuando se firma un vale o de una obligación « informal » porque se considera que este funcionario municipal sólo actúa en los actos económicos oficiales.

Entre los documentos de orden privado utilizados en el comercio: los registros de salida de mercaderías y de pago de las mismas que los comerciantes deben llevar obligadamente, los cuadernos donde se registran las deudas de los clientes que pagan periódicamente, al ritmo  de la producción minera, por ejemplo.

 

En todas las posibilidades descriptas, cuando una deuda no es saldada, el acreedor puede inciar una acción judicial ante el corregidor o el alcalde de primer voto de la ciudad y solicitar el embargo de los bienes del deudor y, aun, su prisión. En ocasiones, el mismo juez o los litigantes por su propia cuenta, consiguen llegar a un acuerdo y concertar una espera, un nuevo plazo de pago o crear un sistema de pagos periódicos, mensuales o semanales, hasta saldar la cuenta. Según las escrituras notariales que se firman en ocasión de las esperas, estas no son agravadas por un interés punitorio. Los plazos, que se extienden de 6 meses a 2 años,  son otorgados graciosamente por el acreedor. Se puede creer que esta falta, supuesta, de interés es el reflejo de la ideología oficial, todavía imperante, que repugnaba la utilización del interés, percibido como usura. Aunque la ley obliga al deudor a jurar que no hay cobro de interés y, al notario, el certificar esta afirmación, es posible sugerir que las partes se  confabulaban para sortear este obstáculo legal, creando nuevas fórmulas « legales ».

Cuando no hay un arreglo amistoso del conflicto a causa de una deuda, el deudor puede ver sus mercaderías confiscadas y entregadas al acreeedor, quienen las tasa o las hacer tasar según la plazca. Tal es la suerte de Antonio Dueñas y Orozco, mercader de Oruro, quien en 1761, no puede pagar una deuda de 9.000 pesos por mercaderías que había comprado algún tiempo antes. Cambios en la política económica de la Corona, había inundado el Alto Perú de productos llegados de Buenos Aires y que habrían provocado la caída de los precios en Oruro. Dueñas y Orozco, no logra vender sa provisión de productos y no puede hacer frente a sus deudas. Ante la acción judicial de sus acreedores, debe aceptar entregar sus stocks como forma de pago y aceptar una tasación que evalúa sus 40.000 pesos de mercaderia como el equivalente de los 9.000 pesos debidos. El comerciante apela ante la Audiencia de La Plata, la cual dictamina que se le deben devolver todos los artículos embargados y solamente tomar mercaderia calculada según los precios vigentes en Oruro.

 En los registros notariales orureños resaltan por su abundancia las obligaciones de devolución de préstamos de dinero sin interés que son hechos, dice la fórmula, por « hacerme bien y amistad ». Curiosas palabras que acompañan todos los documentos de este tipo, donde, además, son anotados, junto con las demás fórmulas jurídicas acostumbradas, solamente el nombre de las partes contratantes, el monto a devolver y el término del pago. Los firmantes de estas obligaciones y los montos de las mismas son variadísimas : desde 80 hasta 40.000 pesos. Quienes firman pueden ser mineros ricos o desafortunados, comerciantes, artesanos, mestizos o indios.

Tanta amistad entre tanta gente distinta, a lo largo de tanto tiempo y por tanto dinero ? Resulta curioso. Podemos creer que habrá préstamos sin interés pero quizá  su porcentaje no sea muy elevado. Los otros, quizá la gran mayoría, puede hacer pensar en prestamos usurarios que, para no ofender la prohibición de la Iglesia de ejercer la usura, es ocultado tras una fachada pIa. Es lícito pensar, entonces que en los montos totales declarados como habiendo sido percibidos, están incluídos el capital realmente prestado más el interés que debe pagarse por ese prestamo. Dicho interés no debe de haber sido inferior al 6%, el interés habitual en el comercio.

 

Aunque esta explicación parece bastante convincente, no cubre, sin embargo, todo el espectro del préstamo « por bondad ». Si bien la escritura notarial tiene la virtud de aportar muchísimos datos por su tendencia a acumular detalles, en algunos aspectos es exasperadamente silenciosa. Estamos aquí frente a uno de esos mundos de silencio, el cual debe ser « escuchado » con atención, porque es muy importante el volumen de metálico que se ha prestado en algunos años pour su intermedio. La respuesta a este interrogante la encontramos en un litigio entre comerciantes por la falta de pago de un recibo de mercadería. En este juicio, cuando la parte acreedora presenta la prueba de la venta, entrega de mercaderías y obligación, lo que aparece en el expediente es una escritura notarial de obligacion por prestamo de dinero sin interés, que el acreedor ha entregado al deudor « por hacerle bien y por amistad ». Así, se puede afirmar que este préstamo « bondadoso » (como lo llamo), es en muchísimas ocasiones un recibo de mercadería y la obligación de su pago.

 

Visto de este modo, sus firmantes parecen tomar una nueva personalidad y es posible dar un sentido nuevo a la repetición del nombre de algunos beneficiarios de estas escrituras (el vendedor). Comenzaria así, también a aparecer en actividades comerciales, muchísima gente que no es posible rastrear de otro modo.

Es interesante notar que esta escritura no impide la existencia de otras que sí son claramente recibos de mercaderías y obligaciones de pago por ellas, aunque este último tipo es mucho menos habitual. Queda todavía por dilucidar la razón de esta fórmula, a primera vista, ocultadora de la actividad comercial.

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