Los estudios

« En esos tiempos no se hacia ».

« Para qué, decia mi mami, para escribirse cartas con los varones »







Tres generaciones de vendedoras trabajan en los mercados orureños en ese año 1983. Los estudios que han hecho depende no tanto de la historia personal y familiar como de la historia nacional.

Dos fechas marcan la vida de esas mujeres : la Guerra del Chaco cuando masivamente las vendedoras ocupan el espacio laboral y comercial dejados por los hombres vueltos soldados. La Revolución de 1952 y sus adelantos sociales.

Ninguna de las  mujeres de más de 45 anos (nacidas antes de la Revolucion) ha ido a la escuela.


 

« Antes los padres se descuidaban con la educación de los hijos, querían el dinero pronto y los mandaban a trabajar. Vd. verá que todavía hay señoras que no saben leer y escribir. Ahora no, ahora se les obliga a ir a la escuela porque se sabe que si no, no se progresa en los negocios ». Dirigente sindical, M. Bolívar.

 

 

La dirigente sindical de las verduleras es la única mayor de 40 años que es alfabeta. Entre los 10 y 30 años, las mujeres han asistido al menos a algunos cursos de la escuela, pero hacen veladas referencias a los hermanos que continúan estudiando y no trabajan, situación inversa a la femenina. Según declaraciones de jóvenes de 20-22 anos, la actitud materna está cambiando en esos  tiempos, se envía a los cursos medios a todos los hijos y no seguirlos es « decisión individual » de la o del adolescente. Sabemos, sin embargo que las decisiones individuales son a menudo influenciadas por las sugerencias de la familia. El comentario de la dirigente (a la izquierda de la página sugiere que las madres ven en las hijas una comerciante, una mejor comerciante que ellas mismas.

Hay mujeres jóvenes que « dejan de ir a la escuela cuando comienzan a enamorar y piensan en casarse ».

Si algunas madres no parecen hacer discriminacion de généro, quizá los otros miembros de la familia extendida sigan haciéndola.

La educación infantil ocupa un lugar principal en las preocupaciones femeninas.  Como una obsesion acude a los labios de las mujeres jovenes « ganar lo suficiente para que nuestros hijos vayan a la escuela ».

En la crítica situación económica de esos años de sequía, inflación y huelgas, cada hijo estudiando es una carga pesada para los padres, debido a los altos precios de los artículos escolares y a las horas diarias que los estudiantes no pueden dedicar a ayudar a sus padres . Pero ellos no piensan en hacerles abandonar la escuela o, al menos, esta es la versión ofrecida al observador. Digamos que si empujan a slo hijos a trabajar,  saben que « no está bien » es decir que la opinión pública del mercado espera de ellos otra actitud.

Una interlocutora nos cuenta que ella, vendedora, aconseja a las familias campesinas que trabajan en el mercado y que tienen pobres recursos, el regreso al campo. « Al menos ahí no pagan luz y agua ». Los campesinos contestan, que se quedan en Oruro porque así sus hijos tienen la oportunidad de ir a la escuela.

Según versiones escuchadas en los pasillos del mercado Bolívar, hay cada vez más jóvenes que una vez  bachilleres, ocupan el lugar de los padres en el comercio.

Lo hacen por dos razones : porque no encuentran trabajo en otros sectores y no tienen suficiente dinero para seguir estudios superiores. Una joven verdulera explica que está en 2° medio y que espera obtener el bachillerato y luego dedicarse plenamente a las venta porque « no tengo suficiente dinero para estudiar solamente y el negocio no me deja suficiente tiempo para estudiar ». El problema es grave y difícil.

Otra joven vendedora, hábil, exitosa y trabajadora me cuenta sus sueños y proyectos. Vender plásticos y luego estudiar para secretaria o enfermera. Para que ya nadie le diga que es una katera. « Pero ganarás menos ! ». Un silencio como respuesta a mi comentario. El  problema, el dilema es grave y difícil.

 

Una pregunta: la educacion intermedia boliviana prepara para la vida activa ?

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