El comercio de María Bartolomé Alejandra

María Bartolomé Alejandra nace en Condocondo posiblemente en los años 1730. Llegada a la edad adulta, se casa con Juan de la Cruz Choque, de la misma comunidad. Como no habría contribuído con una dote importante a la nueva unidad doméstica, podemos pensar que María Bartolomé pertenece a una familia pobre. Los cónyugues cultivan las tierras del común de Condo y, cuando les llega el turno, acuden al servicio de la mita. Juntos o separados comercian haciendo viajes para comprar y vender, a Potosí, Oruro y La Plata. Nos queda una corta lista de los productos comerciados, son los llamados géneros de la tierra o productos americanos : llamas, mulas, algodón, ají. Géneros de la tierra, cierto, pero de un precio bastante elevado.

En los años 1770, María Bartolomé y Juan de la Cruz instalados en su estancia, reciben a menudo un indio comerciante de La Plata, Juan Tamayo. Recibirlo significa alojarlo y alimentarlo y dar abrigo y alimento a sus animales de carga. Con el tiempo, aparece la idea de una alianza matrimonial y los padres casan la hija con el comerciante de Chuquisaca.

Las dos unidades domesticas, una en Condo y la otra en La Plata, siguen sus actividades mercantiles. Los condoreños viajan también a menudo a la sede de la Audiencia, pero no se hospedan, parece extraño, en casa de su hija y de su yerno. Por otra parte, si La Plata es ahora es el centro de sus actividades económicas, su residencia sigue siendo la comunidad de Condo.

En 1780, ultimo año de la vida de Choque, poseen allí

una casa y cinco canchas de sembrar,

204 llamas de carga y 280 llamas hembras,

24 mulas y 5 jumentos.

A su crédito se agregan 458 pesos 4 reales de deudas varias

y 1.200 pesos que les habrían sido robados, los documentos no indican cómo, por el indio Carlos Hachacollo.

Los montos individuales de las deudas varían entre 5 y 76 pesos y los deudores, casi todos ellos indios se distribuyen entre

Condo, Chayanta, Challapata, Potosí, Culta y La Plata.

Un indio de Chayanta, a quien había, en La Plata, fiado mercadería, le debe todavía 76 pesos.

También en La Plata, la gatera Binjita, la única mujer en su lista de deudores, parece haberle comprado mercadería por la cual firma una obligación, todavía impaga de 29 pesos.

En Potosí, un indio le adeuda 30 pesos por la compra de ají, por la que se firmó una obligación y el alcalde indio Paco, le debe tambien 9 pesos de 3 llamas.

De los 24 deudores enunciados por Choque en su testamento, de donde se toman estas referencias, sólo cuatro pertenecen a una esfera diferente de la indígena.

Un deudor es Don Carlos de Ana, quien en Tacna es le patron o casero de Choque y que le debe 38 pesos que le fueron adelantados, sin que se den las razones de esta transacción. Adelantemos la hipótesis que Ana, quien puede ser tanto un mestizo como un criollo o un español, podría ser le proveedor de productos del Perú (el casero) o el encargado de comprarlos por cuenta de Choque (por ello el dinero adelantado que había sido remitido con otro indio, Blas Choque) o, finalmente, un comerciante que da en factoraje mercaderías al comerciante de Condo (de allí el título de patrón). La complejidad de las actividades desplegadas por cada uno de los actores del mundo comercial diesiochesco nos hace pensar que no una, sino las tres hipótesis combinadas darán un reflejo aproximado de las relaciones que se habían entablecido entre de Ana de Tacna y los Choque de Condo.

El segundo deudor no indio es Jose Balder, comerciante de aguardiente en Potosí, quien le debe 20 pesos de una compra de algodón. Un procurador y un apoderado que debían ocuparse del pleito, perdido, contra Carlos Hachacollo, ante la Audiencia de La Plata, son anotados en el testamento para que no se olvide de pedirles la devolución de los 84 pesos que no se utilizaron durante el pleito.

Un platero, cuya identidad y residencia no se indican, debe 55 pesos por los que se firmó una obligación de pago y dió varias alhajas de oro y plata en garantía.

El radio de la acción comercial de los Choque parece extenderse de Tacna, por las compras y por las ventas, hasta La Plata y Potosí. El capital de giro, valor que desconocemos, puede ser sugerido por las deudas a cobrar , 257 pesos, resultado de las sumas identificadas como producto de las actividades comerciales – que deben ser tenidas en cuenta para los cálculos que se hacen seguidamente.

De las 24 deudas consignadas en el testamento, un tercio son contraídas por indios de Condocondo, entre los cuales uno solo firmó un documento por su deuda

«Blas Copaititi indio de Condocondo me debe 57 pesos 4 reales por haver pagado una dependencia al corregidor y en su fiador al casique Damaso Laquicha como consta de los recibos que tengo».

La cantidad debida por Copaititi es la segunda en importancia del total de la lista y la más elevada en Condo. Es la única que comporta la firma de una garantía y esta es, nada menos, que la del cacique. Es la única, salvo en el caso de los dos apoderados españoles en que se explica, a medias, la razón de la deuda: Juan de la Cruz se ha hecho cargo del pago de la suma al corregidor.

Por qué?

Ante la falta de información dos hipótesis pueden ser formuladas (la cantidad, elevada, no puede ser el pago de tributos): Choque podría, entonces, haberse hecho cargo de la suma debida por el repartimiento hecho al deudor de mercaderías por el corregidor.  O, otra hipótesis plausible, se habría encargado de pagar la eximición de la mita de Copaititi, práctica que parece ser ya corriente en 1785.

El resto de las deudas que dejan en la oscuridad sus razones me hacen pensar que su esfera no es diferente a las dos ya descriptas, la comercial y la comunal (o étnica ? pero la comercial no es étnica ?)

Juan de la Cruz podría haber dado mercaderia, en cantidades pequeñas, a otros indios para que estos las vendieran ya por su cuenta, ya por cuenta del donante.

El resto de las deudas podría ser dinero prestado a los comunarios para el pago de los tributos, en esos años exigidos en dinero y no en productos.

Es necesario cuestionarse si un tributario que comerciara con éxito se convertiría en la «caja de préstamos» de sus vecinos menos afortunados. Si estos préstamos se inscribieran en un sistema de don y contra-don quizá no hiciera un calculo de interés, como en los préstamos «por hacer bien y amistad» como se dice en las actas notariales de la época. Sin embargo, su presencia en el testamento hacen pensar más en operaciones consideradas como comerciales o financieras que como inscriptas en un código menos «monetario» y más « étnicos ». Osemos todavía una hipotesis: y si al momento de morir, y por el bien de sus sucesores, Choque recordara a los comunarios los favores otorgados?

María Bartolomé, ahora viuda, sigue comerciando, a pesar que la pérdida de los 1.200 pesos la habria empobrecido. Para proseguir en la actividad comercial se ve obligada a pedir dinero prestado. Como veremos mas adelante, no debemos tomar esta afirmación al pie de la letra.

La práctica, sumamente diversificada del préstamo puede ser clasificada en 4 grandes categorías, dos formales y dos informales, comprendiendo como informal el préstamo verbal y el formal, el escrito.

En las prácticas orales existe el préstamo sin interés o con interés, con plazos de pago determinados por las dos partes y el préstamo en el cual el donante participa en las ganancias del deudor – si pide prestado para comerciar -.

Los préstamos formales pueden presentarse como una simple obligación de pago realizada entre las dos partes en la cual el interés habitual del comercio (alrededor del 4%al 6%) está ya integrada en la suma que se dice haber recibido y permite así eludir el obstáculo que la doctrina de la Iglesia oponía a la usura. El otro documento formal es el acta notarial firmada en presencia del notario y de testigos al que se agrega la firma de una tercera persona quien garantiza con sus propios bienes la deuda contraída. También en este caso el interés continúa siendo incluído en la suma declarada como prestada.

 

María Bartolomé no se limita al comercio que ella pueda hacer directamente sino que se hace de un capital de 1000 pesos que entrega a su yerno Tamayo. 450 son el fruto de la venta de parte de las llamas que aparecen en el testamento del marido a los que agrega 550 pesos. Más tarde María Bartolomé dirá que

«son encomendados a Tamayo con el fin y pacto expreso de que dho dinero se habia de emplear en Oruro en efectos del pais de quenta [de María Bartolomé] quien para efecto de conducir las cargas despacho dos peones».

Según Tamayo, la suma recibida fue solamente de 450 peso (de la venta de las llamas)  y

 «puestos en mi poder con mi industria y trabajo personal y el de dha mi mujer los he adelantado hasta la cantidad de tres mil y mas pesos que le he entregado [a María Bartolomé, conservando para él solemente 300 pesos]».

Una multiplicacion del 600%! Aunque no aparece indicado el lapso transcurrido entre la entrega del capital y la rendición de cuentas y si se toma el tiempo máximo posible de esta transacción, esto es entre la muerte de Juan de la Cruz Choque y el comienzo del litigio, 1799, sería una ganancia del 600% en cuatro años. María Bartolomé nos afirma que ella debió esperar 18 meses antes que Tamayo le devolviera los 1000 pesos invertidos.

Suegra y yerno son de acuerdo en una sola cifra: los 450 pesos de la venta de las llamas. Si Tamayo solo hubiera recibido esa cantidad y que la suegra recibiera 1.000 un año y medio más tarde, el beneficio sería superior a 100%!

Los 600% de uno como los 100% del otro miembro de esta familia en conflicto parecen desmesurados en comparación a los beneficios de la industria minera potosina, calculada entre 2 y 4%, o el interés comercial habitual que oscila entre 4 y, en situaciones extremas, 14%. En Oruro, en el mismo período, se calcula que un beneficio del 30% es «suficiente» para una regatona.

Muchas preguntas quedan sin respuesta, como sucede a menudo cuando leemos atentamente un documento colonial. Sin embargo podemos extraer grandes riquezas sobre la vida cotidiana, familiar, económica del pueblo del Alto Perú.

 Sigamos buscando más profundamente en esta familia.

 

 

Los esposos Choque, como Tamayo se mueven en todos los niveles posibles de la distribución comercial:

Juan de la Cruz es criador de llamas (nivel 1) y vende los animales para invertir el dinero (su viuda, María Bartolomé utiliza ampliamente este método) en la compra de productos americanos (géneros de la tierra) (niveles 2 y 3) directamente a los productores o a los comerciantes del nivel 2, en Oruro o en la costa pacífica. La mercadería es vendida a los consumidores de los pueblos y de las ciudades o redistribuídos a los pequeños comerciantes urbanos o, en algunos casos, comunarios (niveles 4 y 5)

Además Tamayo trabaja en el comercio por factorage o por habilitación. El texto donde hemos leído estos datos es impreciso sobre los términos de la sociedad. En efecto, no indica si de trata de un capital empleado para comprar artículos vendidos más tarde (en función de un beneficio determinado)  y cuyo producto final pertenece a María Bartolomé quien da a su yerno un porcentaje mínimo como única retribución. La otra posibilidad es que Tamayo tenga toda la libertad de hacer comercio como le parezca más fructuoso con los fondos que le da la suegra. En este caso él podria comprometerse a devolverle el capital inicial al que se agregaría un porcentaje elevado (que podría ir hasta el 50%).

Nos quedan todavía varias preguntas.

Sabemos que María Bartolomé y Juan de la Cruz viajaban y comerciaban juntos. Por qué las deudas, como son indicadas en el testamento, son debidas a Choque? La mujer tiene menos actividad o se considera que las deudas son contraidas con el hombre? El trabajo comercial puede seguir las dos vertientes, masculina y femenina, pero las deudas solamente la vertiente masculina?

Preguntas a las que quizá podamos contestar en otro capítulo. : Los viajes de los comerciantes indios

Los documentos originales utilizados en este texto se encuentran en el Archivo Nacional de Bolivia (Sucre) y en el Archivo Judicial de la H. Corte de Justicia de Oruro

 

 

 

 

 

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