Los viajes de los comerciantes indios

 

En su juventud Juan de la Cruz Choque debe de haber sufrido los abusos de los alcabaleros que hacen pagar la alcabala a los indios, aunque estén exentos de ese impuesto. Otro Tamayo, también de La Plata y también de la doctrina de San Sebastian,  Joseph Buenaventura Tamayo y Charca, sobrino del cacique de Condocondo, Roque Choquichambi, se queja en 1760 ante el Protector General de los Naturales de La Plata en nombre de los tributarios de Sorasora y de Condo.  Denuncia la mala utilización de las leyes que hacen los perceptores de los impuestos sobre el comercio.

Tamayo – o el escribano publico mestizo o criollo que escribe el pliego- hace una descripción suscinta pero colorida de los desplazamientos comerciales de los indígenas. Este texto es una defensa de los curaca que tienen dificultades para entregar al corregidor todos los tributos de toda la comunidad. Si algunos tributarios han muerto o han huido a causa de las malas cosechas el curaca debe hacer frente a la deuda.  Además, los dignitarios indios deben financiar las fiestas de la parroquia y ello agrega, según Tamayo, una carga insoportable a los deberes del curaca. La necesidad de dinero los empuja a hacer el comercio entre la costa y el altiplano. Pero esta necesidad, agregamos nosostros, no es propia de los caciques, la necesidad de hacerse de piezas de dinero para pagar los tributos, las reparticiones y las obligaciones parroquiales, obligan al conjunto de los indígenas a dedicarse al comercio.

La descripción de Tamayo tiene por ello un valor que podemos calificar de «universal».

«...ocasionandoles esta situacion a buscar otros medios mas favorables, como es el de ir personalmente a la Costa, acompanados de sus mujeres y sus pobres hijitos; unos cargados a los hombros de su madre y asidos a pechos de ellas por estar mamando y otros por no poder estar cargados a las espaldas de su padres, van caminando a pie, fatigados, desde sus pueblos hasta la Costa. Mas de doscientas leguas, mal comidos y por dificiles y escarpados caminos, padeciendo estos incomparables infortunios. Todo esto para llegar a la Costa y ver si pueden encontrar un indio que compadecido de sus miserias les fie con moderado plazo un poco de algodon, algunos cestgos de aji que ellos siembran, tambien con sus pocos bienes.

«Con estos productos pueden adquirir el aceite de los olivos de los espanoles asi como vino y aguardiente de sus vinas, que son lo unico que produce esa Costa. Y conseguidos los productos con las duras condiciones que les sina sus propios compatriotas se vuelven estos infelices indios a sus pueblos.

«Y al lento paso de sus llamas en que cargan estos articulos les suele coger en lo mas empinado del camino una tormenta: en lo peor peligran sus vidas, en lo mejor, se les pudre el aji, el algodon y la poca coca que algunos consiguieron en los Yungas; que son peores y mas escarpados sus caminos y que por el cambio de clima, diferente al habitual, se les mueren sus pobres hijos y la mayoria de sus mujeres ...»

Si son numerosos los testimonios de los desplazamientos de los tributarios con sus familias, como en este texto, la función comercial de las mujeres es mucho menos puesta en relieve. Entre los documentos conocidos sobre los viajes comerciales solo dos, a nuestro conocimiento, hacen alusión a la participación directa de las mujeres altiplánicas y en ambos casos está documentada la oposición de un hombre. En el juicio de Tamayo contra su suegra María Bartolomé, esta afirma haber viajado con su marido para comerciar y da como prueba accesoria su conocimiento de las dos lenguas indigenas, el quechua y el aymara. Su yerno niega categóricamente esta afirmación, aunque acepta que su suegra sigue comerciando después de la muerte de su marido, pero gracias solamente a la ayuda que, según Tamayo, él le habría brindado.

Los documentos originales utilizados en este texto se encuentran en el Archivo Nacional de Bolivia (Sucre) y en el Archivo Judicial de la H. Corte de Justicia de Oruro

 

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