Cancheras, regatonas y gateras


Los conflictos entre los pequeños comerciantes del abasto de la ciudad y las comunidades religiosas no acaban con la venta de la carne, quizá apenas comienza ella. Mucho más grave son los conflictos en  las canchas de abasto, establecimientos urbanos dedicados a alojar a los indios que llegan a la ciudad transportando los vituallas para la venta.

En la cancha se proporciona alojamiento, alamacén para las mercaderías y corral para las bestias de carga. Se suman a estos servicios la utilización de las balanzas, la presencia de una persona encargada de la contabilidad de lo introducido y (no siempre) de fijar el precio de venta (42). Esta persona es casi habitualmente una mujer, la canchera quien también ejerce el oficio de vendedora de verduras. Esla encargada de contar lo introducido y además de cobrar los dos reales exigidos como pago del servicio, obtiene, por su cuenta, la chapara (43). Esta es una exacción ("cobro injusto y violento", según el diccionario de la Real Academia) que se realiza tomando parte de los productos introducidos.

  • Si son papas se descuentan las 25 mejores y más grandes de cada carga.
  • Si son cereales o ají o legumbres se toma un almud por carga (calculo un real por carga).
  • Si son produtos que se venden por unidad (frutas grandes ? animales ?) se queda con dos de toda la cantidad contada. (44)
  • El producto de la chapara es vendida a altos precios, porque son de mejor calidad que el resto.
  • Un gremio íntimamente ligado al de los indigenas transportadores de víveres, es el de las regatonas, famosas en toda la literatura jurídica española desde el siglo XI hasta el XVIII. La regatona o arcadora o gatera es quien se ocupa de comprar tempranamente los comestibles y guardarlos hasta que suban de precio. También los consegue, siempre en las primera horas de la mañana, saliendo a los caminos y comprándolos a quienes los transportan, a precios muy reducidos ya sea por medio del regateo ya sea por la violencia. Una vez regresada a la plaza mayor de la ciudad su negocio es venderlos a un precio elevado. El cliente se ve obligado a pagarlo porque la regatona ha monopolizado el producto.

    Por qué el indio vende a la regatona o, para utilizar el vocabulario de la época, se dejar « violentar » por ella ? Miremos la experiencia, en el siglo XX, de los campesinos altiplánicos que continúan vendiendo sus productos a las intermediarias: al desconocimiento de la lengua castellana se une el desconocimiento de la vida urbana lo que les impide, casi, vender directamente sus productos, a pesar de las ordenanzas que apoyan esta posibilidad.

    La regatona pertenece al grupo social que hace una suerte de conexión entre le mundo rural y el urbano ya que ella misma es chola, esto es mestiza. (La lectura de un petitorio de regatonas en 1774 dejar ver una lista de nombres españoles, con total ausencia de nombres indígenas)(46).

    También, la regatonas y, tal vez, la canchera, son las instituciones « financieras » que adelantan dinero o comestibles o ropa o herramientas. De este modo, el indio se ve obligado a vender la mercadería barata a quien el ha hecho el « servicio » de fiarle dinero o mercadería. Es necesario apuntar que este sistema de endeudamiento existe en todo el mundo campesino hispanoamericano y es la fuente de un sistema de servidumbre por coacción ( "Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo", Diccionario de la Real Academia) del cual nunca pudo escapar el indígena.

    Parece ser que estas regatonas orureñas contaron con socios financistas, los llamados aviadores o habilitadores (47) quienes las proveen en dinero para sus compras "al por mayor" y con quienes comparten las ganancias. Dado que este comercio tiene bastante aspectos ilegales, es muy difícil encontrar documentación que hable con claridad de quiénes eran los aviadores y cuál era el monto del capital entgregado y cuáles eran los términos de la asociación. El aviador pudo haber sido un pulpero o comerciante con tienda o bien pudo serlo algun minero o cabildante.

    Hablaba mas arriba de la relativa ilegalidad del comercio de la regatona porque así se consideraba el comprar para acaparar en las primeras horas de la mañana, impidiendo al común de la gente el aprovisionamiento en cantidad, calidad y precio que el mercado permitiera. Sí se considera legal el hacerlo luego de las 10 de la mañana, es decir cuando ya todos han comprado lo necesario (48). En este momento se considera útil la presencia de la regatona porque permite al transportador-vendedor terminar rápidamente su operación (y quizá, irse de la ciudad, sería lo buscado ?). Ellas permiten a la villa contar con algún tipo de aprovisionamiento continuo. De todos modos tienen existencia oficial, porque presentan petitorios ante el corregidor y son obligadas, cada año, a costear varios altares en las celebraciones religiosas (49) lo que tambien habla de un cierto poder económico.

    Al comenzar me referí a los conflictos entre pequeños comerciantes y las comunidades religiosas. Cuáles eran ?

    Cuando un indio llega a la cancha se encuentra con los monjes encargados de recoger limosnas quienes han establecido una suerte de « tarifa fija » que es calculada en alrededor de un real y medio, no importando el monto total de lo traído (que en algunos casos no  pasa los 2 reales) (50) Los indios transportadores de productos agrícolas se quejan repetidas veces y amenazan con ir a vender a sitios donde fueran mejor tratados. Las tramitaciones son largas entre la Audiencia de Chuquisaca y los priores de los conventos, pero parece que nunca hubo una solución al problema. Esta alto impuesto religioso sumado al impuesto de la canchera, aumenta la reticencia de los indios a llevar sus provisiones a la villa. En algunos momentos, ocurre que haya carestía ante la ausencia de los acarreadores de verduras, harinas y frutas. Con lo que aumenta la penuria habitual de la población.

    El indígena, en su combate contra cancheras, regatonas y religiosos, además de su eterno contrincante el fiel procurador general del cabildo, encargado de la policía del abasto, encuentra inesperado apoyo en cada uno de estos grupos que salen en su defensa en distintos momentos y en distintas posiciones, de acuerdo a sus propias necesidades. Aunque siempre hubo un grupo ganador en estos conflictos, no se puede asegurar que haya sido el de los indígenas. Sin embargo, los comerciantes saben aliarse a unos o a otros.

    Traducido de mi tesis “Les places marchandes d’Oruro. Stratégies commerciales et rapports de pouvoirs (XVIIIe - XXe siècle), E.H.E.S.S., Paris, 1987

     




     

     

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