Los matanceros

En las tiendas de los comerciantes se vende los alimentos que ellos mismos han traídos a Oruro. Pero la mayoria llega con personas que no venden solamente en esta ciudad o que sólo hacen comercio algunas veces por año. Este abasto incluye principalmente la carne, las verduras y frutas, las harinas, la leña y el pan.

La administración colonial mantiene su visión discriminatoria cuando clasifica las variedades  de carne que se venderían en las villas americanas : los animales originalemente introducidos de Europa (vacunos, porcinos y ovinos) son llamados « de Castilla » y son vendidos por españoles, criollos y mestizos. La crianza, matanza y venta de la carne « de la tierra » (ganados de origen americano)  es la esfera exclusiva de mestizos e indigenas.(33)

Los monopolios o « estancos » es la medida más utilizada por el gobierno municipal colonial como medio de obtener renta (34). No escapa a esta política la venta de carne en Oruro: el aprovisionamiento de carne de Castilla está sujeta al remate de su abasto durante todo el siglo XVIII (35).

Ello significa que una vez por año, siguiendo las prácticas habituales en todo remate oficial, el Cabildo hace pregonar en las « cuatro esquinas de la plaza y otros sitios concurridos » la apertura de la recepción de proposiciones de los candidatos a la provisión de las carnicerías de la villa.

Quienes están interesados, habitualmente son escasos, presentan sus ofertas, indicando la calidad de la carne que entregarán a la venta, precio y cantidad, además de comprometerse a mantener una determinada periodicidad y continuidad.

El beneficio del ganador del remate es que nadie más que él vende en la ciudad.

Los cabildantes encargados de la vigilancia del abasto eligen al que consideran el más apropiado, porque su carne es considerada de buena calidad y sus precios bajos o porque se puede confiar en su diligencia. (36) O, por qué no ? porque hay  la posibilidad que los cabildantes se hagan de  una comisión proveniente de los beneficios que recibiera el ganador del remate. O, por qué no ?, los cabildantes eligen según la camarilla a la que pertenece el ganadero.

En el rubro carne de la tierra sí existe cierta competencia porque la única legislación que reglamenta su venta indica

« Que no se puede impedir el rastro que los indios tienen en el tianguez de carne de la tierra, y que se les mandara con pena, que no lo puedan tener de carnero de Castilla, si no fuere el Sabado que esta permitido a todos en general »(37).

Así es que se permite a todos los indígenas vender carne de ganado americano pero no europeo, sin ningún tipo de monopolio. Pero si el monopolio no es instituído por las leyes españolas,  lo es por la costumbre: el oficio de carnicero pasa por herencia de padres a hijos, tanto por lado materno como paterno.

En la misma ordenanza citada anteriormente, el virrey Toledo prohibia a los carniceros europeos el guardar para sí el sebo de las bestias sacrificadas y los obligaba a entregarlo al mercado para su consumo (38). Parece ser que en Oruro, ambos comercios, el de la venta de la carne y el de la venta de velas, está separado y si quizá se aceptara que un carnicero indio vendiera velas lo contrario no es visto como legal. En 1739, los indios carniceros de Oruro, los « matanzeros » se oponen a la tentativa de algunos vendedores de velas de vender carne de la tierra en el mercado o en sus casas (39). Las pruebas presentadas por los carniceros son su genealogía, demostrando que desde sus abuelos han sido sus familias carniceras en Oruro, mientras que los veleros descienden de padres veleros. Según el escrito de los matanzeros, los veleros alegan que

 « por  herencia de sus Antecesores han estado en el ejercicio de matanseros para el abasto del comun de esta villa no habiendo tal pues todos los antepasados desde sus ascendientes se han ocupado en el ejercicio de veleros y no de matanzeros ».

A esta información genealógica hay que adicionar que, según los matanzeros, quienes intentan introducirse en el mercado de la carne, son dos « mestizos intrusos ». Estos mestizos, a su vez, estarian empujando a los veleros, presentados como « collas ».

En este conflicto se notan elementos comunes al conflictivo mercado (no solo orureño) colonial: el mestizo está siempre presente como elemento disturbador apoyando ya un grupo ya otro, en su empeño de lograr introducirse más profundamente en el ciclo de la compra-venta. Y si esta competencia con "mestizos e indios intrusos" parece ya  suficiente conflicto hay que añadir, sin embargo, las órdenes religiosas que tienen haciendas en zonas cercanas a la villa. Ellas consiguen autorización para vender ovejas y cabras viejas en el mercado pero, aprovechando este visto bueno, venden carne de mejor calidad, y no solamente en la calle, como se les ha ordenado, sino tambien en el convento (40).

En 1739,entonces,  dos grupos indígenas se disputan el derecho a vender carne de llama en la plaza de Oruro.

Este derecho tiene una desventaja, obliga a los carniceros a pagar al corregidor 15 pesos semanales como tasa obligatoria.

Hay una ventaja complementaria: el alcalde de los mañazos tiene el privilegio de abastecer en carne de llama a la ciudad, al término de la cuaresma. Abastecimiento que se realiza en esta ocasión sin la competencia de los otros mañazos.

El pago forzoso de 15 pesos parece ser, algunas veces, una carga sumamente pesada. Existen testimonio en ese sentido que indican que 15 años más tarde los matanzeros se ven obligados a hurtar las llamas de los arrieros o de los indios que aprovisionan la ciudad, para carnearlas y compensar,  la pérdida causada por la obligación pecuniaria. El argumento que presentan es que ciertas semanas la venta no llega a los 15 pesos obligatorios.

Como en otros renglones del comercio de comestibles, los testimonios, en una primera lectura, parecen contradictorios: el comercio de un producto deja márgenes escasos a vendedores que combaten con energía para poder conservarlo.

Resulta llamativo, en este conflicto, la presencia de una mujer, María Rosa Colque, quien comienza el proceso ante el corregidor de Oruro. Carnicera también, faena las llamas en su casa, lo que indicaría que no tiene derechos afirmados para vender en la Plaza. Arrastra tras de sí a otros tres carniceros para poder enfrentar al grupo de matanzeros « qollas », nombrados de este modo en su escrito al juez. Estos « qollas » estarían dirigidos por un mestizo, llamado por María Rosa,« intruso ».

Los términos del conflicto son : María Rosa sostiene que ella y su colega, Manuel Guarachi, son descendientes de matanzeros y que por ello tienen derecho a la venta de carne en la plaza. Que el mestizo, Matheo Ortega, continúa diciendo la mujer, ha sublevado a los « qollas carniceros » contra ellos y que éstos no tienen derecho al oficio de carniceros porque son descendientes de veleros.

El corregidor ordena una encuesta y de ella se desprende que el eje principal de la lucha es la persona de Mateo Santi, alcalde de los mañazos. El recibió el oficio por herencia, tanto por vía femenina que masculina: su abuelo y tio maternos fueron carniceros, así como su abuelo paterno.  Es cierto que es descendiente de velero, oficio de su padre. Es justamente el oficio paterno que parece descalificarlo, a los ojos de María Rosa Colque y Manuel Guarachi. Al parecer de otros indios, llamados a declarar ante la justicia de la ciudad, el oficio se hereda en especial por vía materna.

 

 

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