Violencia y autoridad

Algunas consideraciones sobre el comercio y el pensamiento de las autoridades

La sociedad colonial tiene  una curiosa concepción del comercio. Este puede acarrear riquezas pero no honores. Las clases altas siguen mirando, durante el siglo XVIII, con cierto desprecio al mercader a quien consideran de una categoría social menor aunque el patrimonio sea mayor. En el caso de Oruro, ciudad minera, el cabildo fue monopolizado durante mas de 60 años por los mineros y por algunos mercaderes excepcionalmente ejerciendo funciones concejiles. Cuando la industria minera agoniza, hacen su entrada los doctores y licenciados.

Es en Oruro que algún noble español se debatió furiosamente contra los alcaldes que lo obligaban a costear el altar de los mercaderes. Sus argumentos para negarse a tal cargo, que consideraba denigrante, es que él era noble y que sólo introdujo esporádicamente algunas cargas de azúcar. Los alcaldes deciden consultar al virrey en Lima. Su Cámara responde que el ejercicio del comercio retira los privilegios de clase.

Sin embargo, los corregidores con sus repartimientos y otras autoridades coloniales con sus mil métodos (como el del Fiel Ejecutor de otro capítulo) han hecho del comercio por coerción la principal fuente de ingreso. Ellos no se consideran por tanto amenazados por la marginalización . Podríamos creer que la violencia en la actividad comercial  nobiliza a quien la ejerce ?

Veamos un ejemplo de violencia comercial ejercida por la autoridad.

En 1755 Oruro sufre el gobierno del corregidor más despótico de su historia, Miguel Landaeta. Nadie está a salvo de sus iras y rencores. La clase dirigente orureña consigue que la Audiencia de La Plata lo sustituye por el padre, Juan. Pero antes que esto ocurra tiene tiempo de imponer su autoridad rabiosa sobre los vendedores de alimentos y el resto de los pobladores de la Ranchería.

De acuerdo a la política del repartimiento, Landaeta hace el suyo, repartiendo aguardiente a las pulperías de la ciudad a un precio elevadísimo, 31 pesos el odre cuando en plaza el buen aguardiente vale entre 20 y 22 pesos. Los pulperos son conminados a pagar en cinco semanas. Lo mas dañoso para ellos es que la bebida repartida es de muy baja calidad, los testigos la califican de « vinagre ».

Es durante su gobierno que los mañazos roban las llamas de los indios que llegan con sus verduras. Como el corregidor los obliga a pagar tasas elevadas, los mañazos carnean las llamas ajenas para poder hacer frente a las exacciones de la autoridad porque lo que ganan vendiendo su propia carne no es suficiente.

Es también en este período que los mujeres de clases bajas (mestizas, indias y blancas) son llevadas presas si se las encuentra en la calle al bajar el sol. En la cárcel deben pagar por la  "estadía", el precio varía, según su condición económica, entre 4 reales y un peso. Además, deben ocuparse en hilar algodón para el corregidor, comprar la comida necesaria para el sustento individual y salir a vender diariamente por las calles, comidas y aguardientes suministrados por el « justicia ».

En los caminos que llevan a la ciudad, sigue habiendo jark’iris, pero estos no son ya independientes sino que son enviados por el corregidor Landaeta. Los proveedores de comestibles son obligados a ir directamente a casa del corregidor quien elije lo que desea y lo paga a precios reducidos o bien no paga, en absoluto. El resto de las mercaderías las hace vender a las puertas de su morada. Podemos suponer, en base a los testimonios de prácticas similares en otras comarcas, que de este modo hace una selección tácita de los compradores. Se acercarían a comprar los amigos de la autoridad, quienes obtendrían productos relativamente buenos (los óptimos fueron ya extraídos) a precios bajos. De este modo, Landaeta ejerce su influencia hasta en las relaciones entre proveedores y compradores y, podemos decirlo su gobierno llega hasta las fogones del pueblo.

Los indios y cancheros que intentan desobedecer sus órdenes, no siempre salen victoriosos.

Un mal día, el corregidor envía a buscar una carga de cebollas a una cancha donde él sabe que ha llegado un productor. Días más tarde, la canchera envía un empleado para cobrar la deuda. El joven termina en la cárcel, apaleado y las cebollas sin cobrar. Ante este panorama, los indios se dirigen a vender al asiento de Poopó y dejan Oruro sin alimentos. El corregidor se ve obligado, frente a la presión de los vecinos, a cambiar de política y designa algunas canchas donde los proveedores pueden instalarse. Pero como estos sólo quieren hacerlo en las canchas donde están « acaserados », siguen sin venir a Oruro.

Este conflicto entre los productores y el corregidor ilustra algunos de los conceptos evocados más arriba. El indio soporta todo tipo de presiones en la ciudad y busca, entonces, aliados objetivos, la canchera-regatona es una de las posibles alianzas. Ella lo recibe, algunos testimonios indican que se los espera con la comida preparada. Le adelanta dinero sobre las mercaderías traídas y se ocupa de las cobranzas aunque el indígena ya haya partido. Por supuesto, que en retorno ella puede obtener los productos a mejores precios y, además, asegurarse la fidelidad de los proveedores. Pero cada uno se encuentra satisfecho en sus intereses. Dejemos en suspenso la pregunta clave de todo este problema : quién, en esta alianza, realiza los beneficios más elevados ? La canchera ? Los indios ?


 

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