Finales del 1600

Las minas de plata de Potosí en el siglo XVI atraen aventureros, funcionarios reales, comerciantes, trabajadores forzados (mitayos), artesanos libres. La industria y la enorme población provoca un efecto de « aspiración » de todas las materias primas que se producen en el territorio del virreinato del Perú. Su influencia llega hasta zonas tan alejadas como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. En estas tres regiones se desarrolla rápidamente la cría de ganado mular con destino a Potosí y a otros centros mineros peruanos y altoperuanos. Córdoba, que despierta tempranamente a esta nueva actividad económica, es el centro criadero por excelencia ya en 1630 pero Santa Fe y Buenos Aires, aunque tardías, se convierten en zonas competidoras de las mulas cordobesas y mas aun, toman la delantera hacia mediados del siglo XVII (Assadourian, 1982, capitulo I)

En cada estadio de la producción y de la comercialización de los animales de carga se desarrollan variedad de oficios, que tienden a crear una cierta especilización de carácter regional. Los rioplatenses, santafecinos y cordobeses se ocupan mayormente de la reproducción, cría y conducción de las mulas hata las tabladas, inmensas ferias anuales donde se venden los animales, antes que atraviesen los Andes. En Sumalao, Salta, se concentran por decenas y aun centenas de miles de bestias llegadas de las pampas rioplatenses. Es aquí que hacen su aparición los mercaderes de Salta, Tucuman y Santiago del Estero, quienes compran las tropas, las instalan en los potreros para que el descanso y los pastizales preparen a los animales a las fatigas del largo ascenso hacia el Alto Perú. (Sanchez Albornoz, 1965, p. 265. También Toledo, 1962/63)

Al igual que otros mercaderes y comerciantes, quienes se ocupan de la compra y  la venta de mulas no concentran todos sus esfuerzos y capitales en el sólo comercio de bestias de carga. La diversificación es obligatoria para lograr una cierta eficencia en la actividad mercantil. Entonces, los mercaderes de mulas compran y venden también los géneros de la tierra que se producen en sus provincias. Es quizá esta diversificación que les permite adquirir suficiente solidez financiera para asegurarse con una anticipación de varios años la producción de mulas sureñas. (Sanchez Albornoz, 1965, pp. 301-303 passim).

Los mismos mercaderes conducen sus tropas de mulas o encargan el trabajo a los arrieros, personas a menudo avecindadas en las provincias de donde parten las caravanas y que gozan de prestigio social y de solvencia económica. Cuando este es el caso, los propietarios de los animales pueden no solicitar una garantía por el capital encomendado. Si el propietario del ganado prefiere asegurar su inversión, se firma un contrato de recibo y flete donde se consignan la cantidad de animales, el destino final, el nombre de la persona que debe recibirlo o en su defecto, el precio al que deben ser vendidos. Como es de uso en el derecho español, el arriero compromete sus « bienes y personas ». (Sanchez Albornoz, 1965, pp. 297-299. Hay centenares de estos contratos en el Archivo de la H. Corte de Justicia de Oruro)

En la última década del siglo XVII, período en el que se sitúa el contrato de compra y venta que estudiaremos, el panorama de la producción y distribucción del comercio de mulas sufre variantes importantes. Paulatinamente, en Chile se habia incrementado la cría de ganado mular. La vía tucumana es la preferida para el tráfico entre el Pacífico y el Alto Perú. Por ejemplo, en 1691 transitan por Tucumán alrededor de 6.300 mulas. Esta competencia a la producción cordobesa, unida a la de las otras regiones rioplatenses quizá permita explicar, aunque sea parcialmente, la caída constante de los precios durante la última mitad del siglo. En Córdoba, la mula joven que costaba 65 reales en 1620 desciende a 10 reales en 1695 (Assadourian, 1982, cap I). En otro orden de cosas, pero siempre en el capítulo de las variaciones, en el período 1681-1695, entre el 60% y el 72% de las cartas de flete de animales conducidos hacia el norte, desde Córdoba, tienen por destino la tablada de Jauja en Perú, en detrimento de los centros de explotación minera de Oruro y Potosí.

Es entonces en plena época de precios bajos, de competencia interrregional, de la producción cordobesa que se desplaza de las zonas mineras altoperuanas hacia  Jauja, cuando Chile ocupa una parte del mercado, que se decide en Oruro la compra de mulas en Chile para su reventa en Cochabamba.

 

Los documentos originales utilizados en este texto se encuentran en el Archivo Nacional de Bolivia (Sucre) y en el Archivo Judicial de la H. Corte de Justicia de Oruro


 

 

Commentaires (1)

1. ANA (site web) 07/09/2010

falta mas informacion como: salta fue el lugar donde estaba el invernadero de mulas que desp transportavan al peru..... ¡la juridiccion del tucuman jugo un papel importante!

Respuesta (provisoria): claro que las tabladas de salta fueron importantes. Los viajeros decian que la polvareda se percibia a leguas del lugar donde estacionaban las mulas, antes de emprender la subida hacia el Peru (ver los trabajos de Sempat Assadurian y Albornoz). Pero lo interesante de la transaccion que comento es que, si bien las mulas fueron conducidas por tucumanes, el engorde se realizo en tierras chilenas.

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