La operación comercial

El 12 de febrero de 1695, dos comerciantes orureños concertan una operación de factoraje (contrato comercial que se asemeja al moderno sistema de consignación). El nuevo factor, Pedro de Calatayud, recibe del capitán Sebastián Vélez de Pomar la cantidad de  9.149 pesos en mercaderías para ser vendidas en la tienda de Pedro, contigua a la de Sebastián. El inventario de los artículos indica que más de la mitad (5.200 pesos) corresponde a productos americanos.

La tienda de Pedro ofrece a la venta los généros de la tierra de Sebastián : sombreros, hilos para coser telas y para hacer zapatos, algodones, cordovanes, azúcar, jabón,  yerba mate, almendras, diferentes tipos de franela (de Cuzco, Huánuco y Quito).  Hay tambi&én los ultramarinos : medias de Nápoles,  hilos y galones de oro y plata, sedas, paños de Bretaña y de Cambrai, papel, agujas y hierro.

Un año más tarde Vélez de Pomar intenta incrementar su fortuna lanzándose en el comercio de mulas. Como no es su especialidad, encarga a su factor, que conoce ya las rutas de Chile, de ocuparse de la compra, transporte y venta de los animales. Se procede entonces a nuevos acuerdos financieros en vista de los capitales necesarios para la compra de los animales, el pago de los pastizales de engorde y los salarios del personal.

Calatayud se marcha con las mercaderías que ya tenía en la tienda a la que Vélez agrega otras por 4.000 pesos.  Los negocios de Pedro quedan a cargo de su hermano quien recibe todavía más mercadeía de Sebastián, esta vez será por 3.425 pesos. Pero el hermano no parece haber trabajado mucho tiempo en la tienda, al cabo de algún tiempo la abandona dejando 1.985 pesos en productos no vendidos. Parece haberse marchado para trabajar con Luis de Miranda, antiguo corregidor de Oruro y dueño de minas. La esposa de Pedro, Rosa Albronoz, se hace cargo, entonces de los intereses de su marido y se ocupa de la tienda. Durante la ausencia de su marido, vende los artículos que los compradores pagan directamente a Véles.

El 8 de febrero de 1696, Pedro Calatayud abandona Oruro acompañado del general Alonso de Espejo, amigo y asociado de Vélez de Pomar. Emprenden la ruta que lleva a Potosí y de allí pasan a Chile. La misión de Espejo es controlar la actividad del factor y de entregarle dinero cuando sea necesario. En Coquimbo le da 1.000 en plata y mercaderías por 660 pesos.

En este momento de la relación comercial entre Pedro y Sebastián, el mercader le ha dado 17.037 pesos en productos.

Pedro comienza las diligencias. Visita los establecimientos productores de mulas o envía cartas a sus propietarios. Al cabo de un cierto tiempo (no sabemos cuánto) compra entre La Serena y Coquimbo, 600 mulas a 5 pesos 6 reales por cabeza. A ellas se agregan 21 mulas domadas a 12 pesos cada una.

Entonces parece surgir un conflicto entre ambos comerciantes, porque Espejo escribe a Sebastián diciéndole que el factor Pedro actuó con precipitación, comprando caro y sin consultarlo previamente.

Pero las mulas ya están compradas. Pedro prepara la « invernada » de verano : contrata un capataz y once peones. Deja los animales a cargo de los hombres en un prado. Tres de los peones se les encarga  además la tarea de domar parte de las mulas.

De regreso en Oruro, Pedro vende las mercaderías compradas  por su cuenta en Chile. Son vecino, Vélez de Pomar, se precipita sobre las golosinas recién llegas : aguardiente, conservas de cerezas y de ciruelas, lentejas y arvejas. Luego Pedro regresara una vez más de Chile y el vecino le comprará todavía almendras, nuez de coco y cacharros de barro.

Copia hecha en 1699 de las cuentas que Vélez de Pomar llevaba de sus actividades con Pedro Calatayud

 Meses más tarde (hacia febrero) Calatayud vuelve al potrero para comenzar el translado. Desde su entrada en territorio altoperuano comienza a vender algunos animales : en un pueblo o al prior de un convento (por orden de su patrón Sebastián). En todo el trayecto se ocupa también de vender las mercaderías que transporta y que utiliza igualmente para pagar a sus empleados : un sombrero, bayeta, un cuchillo…

A cada uno de los trabajadores les dió un adelanto cuando los contrató, que el peón ni vió porque Pedro los entregó a los acreedores, el cura del pueblo o el curaca. Otra parte del salario fue dada a la familia del trabajador mientras él ya estaba subiendo hacia el altiplano. La tropa se detiene en poblados importantes donde el patrón Pedro les hace un nuevo pago. Esta vez directamente al peón.

Durante este trayecto Pedro vende 42 mulas por 5.556 reales (fueron comprados en 1.932 reales). Las mulas aumentaron de valor porque fueron domadas por Ramón Cabrera en Coquimbo. Su salario mensual por domar 10 mulas fue entonces de 96 reales. Si no tenemos cuenta del precio del alquiler de los pastos ni el costo de la comida de los hombres, las mulas domadas habrian costado 2.335 reales y el ganancia es de 3.378 reales.

 

 

 Este beneficio parece ser el único logrado por Vélez de Pomar en esta aventura comercial.

 Ya en el altiplano, su estadía en Oruro es sumamente corta, de allí se dirige rápidamente hacia Cochabamba, para vender las mulas. Sin embargo no encuentra un comprador decidido a pagarle un buen precio. Debe aceptar finalmente de trocar sus mulas por harina. Intercambia entonces a 32 pesos el par de mulas (que había comprado a 11 pesos 4 reales) contra la harina evaluada a 5 pesos 4 reales la fanega (costo de transporte a Oruro incluído).

Calatayud entrega 400 mulas y recibe 700 fanegas.

La operación parece ser provechosa para los orureños : 400 mulas compradas por 18.400 reales dos años antes, son cambiadas por 30.800 reales de harina. (Para facilitar la lectura moderna, a partir de ahora las cifras son calculadas en reales, sabiendo que 1 pesos = 8 reales).

Sin embargo el balance final es menos optimista : las 621 mulas costaron en Chile 29.616 reales. Agregados los salarios del capataz, los tres domadores y los ocho peones : 17.200 reales. La alimentación de los trabajadores durante los 25 meses pasados desde el momento de la compra hasta el de la venta (6 septiembre de 1696 al 26 de octubre de 1698) costó 8.000 reales. El costo total de la operación de compra y el transporte de mulas se eleva entonces a 70.016 reales, 26.000 de los cuales corresponden a salarios y comida.

Según un cálculo contradictorio (más tarde Calatayud sufre un proceso a causa de esta transacción) de  otro arriero acostumbrado a hacer el mismo trayecto, los gastos habrían ascendido a solamente 10.928 reales. Aun en ese caso (costo de explotación : 54.944 reales) el precio de trueque de las mulas continúa siendo inferior al necesario simplemente para equilibrar las cuentas de Vélez de Pomar.

Para su casa la empresa es finacieramente desastrosa a causa de la pérdida de casi una centena de los animales ya escapados ya enfermos o muertos. Sin estos accidentes la operación podría haber sido interessante, a pesar de la caída del precio de las mulas cordobesas y su repercución en el mercado altoperuano. Remarquemos sin embargo que el precio del trueque triplicó el valor de la cabeza de mula.

El intercambio mulas contra harinas es también beneficiosa, aunque ignoremos el precio de su venta en Oruro en 1699, lo que nos impide hacer el cálculo del beneficio final. La decisión de Calatayud el lo único que no critica el albacea de Sebastián (el empresario orureño muere entretanto sus mulas son trocadas en Cochabamba). Más aun, a la llegada de las cargas a Oruro son vendidas inmediatamente para hacer frente a sus acreedores.

La venta de las mercaderías de Vélez que ha hecho Pedro podría compensar las pérdidas resultante del este comercio de animales. Vemos, una vez más que la diversificación de rubros y actividades permite equillibrar o simplemente compensar los riesgos. Por otro lado, se hace así frente a la lentitud del comercio en general.

De regreso a su tienda, Calatayud hace las cuentas con el ejecutor testamentario de su vecino. Según sus cálculos él y su hermano vendieron por 5.447 pesos de mercadería. Sobre la base de 4%  su comision es de 217 pesos, a los que agrega 314 pesos

" por el valor de la rebaja del 3% de las mermas de peso y vara, en cantidad de 10.474 pesos 4 reales que importa la ropa que tuve en dicha tienda como la que de ella llevé a Chile ».

 Por toda la operación de compra, engorde y cuidado de la tropa en Chile, su transporte hasta Cochabamba y la veta, Pedro Calatayud no recibe una comisión sino un salario fijado a 600 pesos anuales. En cada viaje el factor aprovecha para vender mercaderías por su propia cuenta. Porque en cada viaje no sólo transporta los productos que le dió Vélez sino también los suyos. Aquí está el verdadero interés de Pedro por la « operación mulas, bayetas y otros ». Una vez más vemos que la diversificación es necesaria para sobrevivir en los negocios.

Más arriba habíamos evocado la demanda de mulas que existía en los sitios mineros. Nuestras mulas, sin embargo, no fueron vendidas en Oruro sino en Cochabamba. Quizás Vélez de Pomar, para hacer frente a sus acreedores, necesita metálico. Las mulas, debe de haber calculado, serán mejor vendidas en el valle que aquí, Oruro, donde la minería está de crisis. Las mulas no son percibidas como un fuerza de trabajo sino como moneda de cambio.

Salarios

17.200 reales

 

Alimentación del personal

  8.800 reales

 

Sub-total de gastos

26.000 reales

 

621 mulas compradas

29.616 reales

 

80 mulas muertas

  3.680 reales

 

48 mulas perdidas

  2 .208 reales

 

27 mulas vendidas en Atacama

 

  2.816 reales

42 mulas vendidas en el Alto Peru

 

  5.556 reales

400 mulas trocadas por 700 fanegas de harina

 

30.800 reales

Total de las ventas

 

39.172 reales

Salario de Calatayud

14.400 reales

 

Total costo explotación

40.400 reales

 

Pérdida  en la operación total

   5.888 reales

 

 

 

 

Los documentos originales utilizados en este texto se encuentran en el Archivo Nacional de Bolivia (Sucre) y en el Archivo Judicial de la H. Corte de Justicia de Oruro


 

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