La metodología

Comencé en 1977 el estudio de los mercados y los comerciantes de Oruro. Los primeros años los dediqué al estudio del siglo XVIII, en los archivos de Buenos Aires, Sucre y Oruro.

Durante el primer trabajo de campo, desde septiembre 1982 hasta  septiembre 1983, comencé la observación de las vendedoras de verduras y tomates del mercado Bolívar, con especial énfasis en el pasillo sur que reunía las vendedoras de tomates.

en 1983, a causa de la inflacion no habia pelicula en colorA partir de 1994 he estado en Oruro unos dos a tres meses anuales.

Desde el comienzo utilicé la observación participante, pasando casi todo el día con las vendedoras en sus puestos.

Las declaraciones son casi siempre producto de conversaciones a lo largo del día. Utilizo poco las entrevistas formales.

Todas las mujeres del pasillo sur han aceptado contarme sus vidas en una o varias “entrevistas formales”,  que se desarrollaron en el mercado. Sus biografías, sin embargo han sido enriquecidas con los comentarios hechos a lo largo del tiempo.

 Algunas interlocutoras (prefiero este término al de informante) aceptan la utilización del grabador durante la conversación pero las mujeres de edad madura (40 - 50 años) tienen  muchas reticencias y su discurso es a menudo, frente al aparato, artificial.

Las jóvenes (alrededor de los 20 años) y las ancianas parecen apreciar este modo de entrevista. 

Sin embargo la mayoría del material es producto de la observación flotante, sin grabador y a menudo sin cuaderno ni lápiz visibles  

La mayor parte del material oral recogido durante el trabajo de campo es producto del diálogo con  una sola vendedora a la vez, porque la disposición de sus puestos hace que sea muy difícil hablar con varias al mismo tiempo salvo de un puesto al otro y  en voz alta. Hay, por supuesto, conversaciones con varias,mujeres,  sobre todo cuando una o varias vendedoras se acercan a un puesto. Utilizo poco las preguntas directas o las entrevistas sobre un tema.

Un ejemplo: el relato sobre el suicidio de la dirigente me fue contado espontáneamente por una joven vendedora inmediatamente después de su descripción de la huelga. A partir de él interrogué al resto de las integrantes del pasillo quienes contaron casi todas la misma versión, agregando comentarios sobre la actitud de cada uno de los protagonistas del drama. La mayoría de los comentarios sobre los hombres o sobre las dirigentes del mercado no son producto de una pregunta directa sino que fueron expresados en algún momento de las conversaciones sobre sus vidas personales o  los problemas de trabajo.

Las vendedoras son sumamente locuaces sobre el trabajo que realizan o sobre los hijos, son mucho más circunspectas en temas tales como el papel de los dirigentes (sobre todo luego de la crisis que el mercado Bolívar sufre a partir de 1997 - cuando las vendedoras han sido desalojadas a las calles circunvecinas porque la alcaldía decidió construir un mercado moderno, pero la finalización se atrasó) o sobre sus relaciones con sus maridos o con los  hombres en general.

La locuacidad es también una cualidad que depende no solo del tema tratado sino también de las circunstancias, si ciertas vendedoras parecen sentirse alentadas en su discurso por la presencia de una grabadora o de un carnet de anotaciones, otras prefieren la conversación intima y no formal (desde el punto de vista etnográfico). Los relatos más graves, profundos y ricos los he escuchado cuando las sombras de la noche caen sobre el mercado y las siluetas de las vendedoras se confunden con la masa de los puestos. La jornada de trabajo no deja mucho tiempo libre sobre todo para dedicarlo a una entrevista etnográfica por ello  en un 90% mi trabajo de campo es realizado en el mercado mismo.

 

arriba