LA "TEORIA DEL COMPLOT"

 

Por Robert Redeker, filósofo. Le Monde, 30 mars 2008

La autodesignada « teoría del complot » parte de una visión delirante según la cual la realidad, hasta en sus detalles, es el objeto de una manejo oculto en la cual la verdad es enmascarada para la humanidad toda entera. Este conspiracionismo se desarrolla a partir de un uso demente del principio de la duda. Toma forma de una creencia afirmando que no se debe creer nada de lo que se nos dice y presenta una increencia radical en toda verdad establecida como norma.

En apariencia se trata de una negación generalizada: negar por principio toda verdad atestada por procedimientos reconocidos y difundidos por los canales habituales. En realidad esta negación esconde una doble afirmación: de una parte, toda verdad oficial, aunque esté inscripta en los libros de historia, es una mentira, por el otro lado, la verdad escondida es lo contrario de lo que se nos dice. Se nos dice que alguien muy conocido murió accidentalmente, la verdad es que fue asesinado. Se nos dice que Al Qaida cometió los atentados del 11 de septiembre, la verdad es que los autores son los americanos. Se nos dice que el hombre caminó en la Luna? Mentira! La prueba? esta fábula le sirve a los americanos ! La dialéctica conspiracionista postula que la verdad es el exacto contrario de la verdad afirmada y probada. Esta dialéctica se alimenta solamente de algunos detalles insignificantes puestos en primera plana como pruebas.
Nada más peligroso que este estado de espíritu! En él se reconoce la lógica negacionista. El suceso en las masas de este modo de razonar falso, que conduce a tener por cierto lo contrario de la verdad desde el momento que es oficial, inquieta – es así que argumentan los negacionistas, esos falsarios de la historia.

Se adivina las ventajas narcisísticas de la creencia en esta teoría : su adepto se realiza en el sentimiento de poseer un secreto de extrema importancia. Goza de saber más que el más grande de los científicos. No necesito realizar grandes esfuerzos para elevarme por encima de los comités, es suficiente con aplicar una disposición de la mente: el rechazo de toda verdad afirmada oficialmente. En esta negación triunfa el resentimiento contra las elites del conocimiento y se desarrolla una figura contemporánea del anti intelectual. Más agradable todavía, el adepto de esta teoría siente la embriaguez de haber logrado a desarmar una trampa colectiva, en la cual cae la humanidad ordinaria. Se descubre más despierto que el conspirador que, bajo formas diversas, desde hace siglos engaña la humanidad.

La « teoría del complot » vive sólo de un fantasma: el manejo oculto. Esta obsesión crece exponencialmente: más la verdad es importante, más es escondida y más complejas son las manejos. De aquí Dan Brown y su Da Vinci Code: la Iglesia se constituyó para esconder la verdad sobre Cristo. El conspiracionismo tiene su método: para encontrar la verdad escondida, hay que creer lo contrario de lo que es oficial. No hay pruebas! Es que fueron disimuladas por los conspiradores! La ausencia de pruebas manifiestas constituye un argumento en favor de la conspiración.
Esta teoría denuncia también los manejadores. Por Dan Brown, es la Iglesia que tiene este papel. Generalmente son los judíos. La negación del carácter terrorista de los sucesos del 11 de Septiembre ve los judíos (llamados americano-sionistas) detrás del manejo. Negar el hecho del 11 de Septiembre es afirmar la culpabilidad americano sionistas. Con variantes conocidas – los bancos, el dinero apátrida – esas metáforas del judío. Las versiones contemporáneas de la « teoría del complot » se vierten en una matriz: « Los Protocolos de los sabios de Sion ».

La teoría del complot es un avatar de los grandes relatos sobre el destino de la humanidad. Contre grande relato, es una storytelling. Reír ante su enunciación es poco. Su parentesco con Los Protocoles de los sabios de Sion, su identidad de estructura intelectual con la lógica negacionista incita a la desconfianza: la teoría del complot es una de las vísceras reparadas, renovadas, del vientre de donde salió la bestia.

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