LA VIDA SIN PETROLEO ES POSIBLE !

LA VIDA SIN PETROLEO ES POSIBLE !

 

 

Entrevista. Huertas compartidas, energías limpias …la revolución verde se puso en marcha. Las iniciativas son sobre todo ciudadanas. Para Alain Grandjean, economista, el oro negro escasea, no así las ideas.

 

25/09/2014. Weronika Zarachowicz, TELERAMA n° 3374

 

 

Sabían que ochocientos millones de personas practican la agricultura urbana y producen 15 a 20% de la alimentación mundial ? Que en 2011, en Italia, las venta de bicicletas nuevas fue más importante que la de autos nuevos y ello por la primera vez desde hace cuarenta años ? Que en Alemania 51% de la energía renovable es proveída por los habitantes urbanos y los agricultores? Tanto signos, dice Rob Hopkins en un libro formidable,  que la “transición” ecológica y social se puso en marcha.

 

Este británico está en el origen del movimiento de Ciudades en transición, comenzado en Totnes. En 2006, en esta pequeña ciudad del suroeste de Inglaterra, los habitantes se pusieron a inventar sus vidas sin petróleo: huertas compartidas, árboles frutales en los sitios públicos, energías limpias, relocalización de la economía vía una moneda complementaria… Hoy, Ciudades en transición está implantada en cuarenta y cuatro países. El término de “transición” se extendió de modo viral, para englobar una multitud de iniciativas a través del mundo. “La transición, escribe Rob Hopkins, es como un programa libre. Cada uno se lo apropia, lo experimenta donde vive y contribuye a su evolución permanente”.

 

En cierto modo a la manera de una amplia red formada por miles de laboratorios de investigación y desarrollo, en la  cual cada uno experimenta e innova, nos dice un “transicionador” temprano, el economista Alain Grandjean, miembro del consejo científico de la fundación Nicolas Hulot. Visita guiada de mil y una facetas de la transición en marcha, en compañía del que viene de presidir el comité de expertos del debate nacional sobre la transición energética.

 

P: Qué es la “transición ecológica”?

 

Es el camino que nos lleva de una economía “minera”, voraz en recursos supuestamente infinitos y productora de desperdicios en gran cantidad, a un sistema más sobrio, capaz de satisfacer a más gente sin disminuir los ecosistemas. La transición interesa, entonces, todos los aspectos de nuestra vida e implica de rever nuestra organización social y económica  salida de esta creencia loca según la cual el mundo sería infinito. Pensemos que a los fines del siglo XIX la gente se imaginaba que el mar era una fuente de recursos sin fin y que cuánto más se pescaba as los pescados se reproducían…

 

La transición ya comenzó?

 

Está en marcha un poco por todos lados en el mundo: es una transición “por lo bajo” que comporta la idea que los individuos, en los pueblos y las ciudades, pueden responder localmente a sus necesidades fundamentales, reduciendo su dependencia de las energías fósiles y sus emisiones de carbono. Pero es también una respuesta al hecho que las políticas nacionales no están todavía establecidas: ellas apoyan todavía masivamente a los combustibles fósiles más que a las energías renovables. Los que adhieren en las Ciudades en transición no esperan el acuerdo de Jean-Claude Junker o de François Hollande. Se lanzan, a su medida, llevados por la ebullición del genio colectivo.

 

Es decir?

 

El llamado a la creatividad del grupo, la creación de una dinámica positiva y la toma en mano de un futuro común deseable! En Seattle, en los Estados Unidos, los ciudadanos obtuvieron dos evoluciones interesantes: una modificación del derecho del urbanismo que permite a cada uno producir en su jardín y vender una parte de su producción y la creación de un bosque-jardín colectivo que produce frutos, verduras, madera… Esta nueva agricultura urbana ofrece una respuesta a la concentración de las explotaciones – en Francia, en 1945, había seis millones de explotaciones agrícolas, hoy quedan quinientos mil.

 

Ella “reverdece” la ciudad, no para darle el gusto a los ecologistas pero porque el ciudadanos urbano no puede más vivir en un universo mineralizado! Es también una cuestión de generación. Mis padres, que atravesaron la guerra y la reconstrucción, no se preocupaban por saber si se vivía bien o no en la ciudad. Pero hoy, nuestra relación a la ciudad como al automóvil está cambiando. En los Estados Unidos la proporción de titulares de una libreta de conductor entre los de 16 a 20 años cayó cerca de un 30% entre 1998 y 2008.

 

A menudo se reprocha a los ecologistas de ser catastrofistas. La transición se ve a ella misma optimista y práctica…

 

El diagnóstico, es una pena, no cambió:  la alteración climática es clara; la crisis energética, real y entramos en una época de extinción masiva de las especies, de la caída de la biodiversidad y de las perturbaciones mayores del ecosistema. La crisis que atravesamos es la faz emergente del proceso de transformación en curso: una formidable oportunidad de ser creativo y colaborativo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el nombre de esas iniciativas es colosal.

 

Se pueden dar cifras?

 

La extrema diversidad de esas experiencias, su interdisciplinaridad hacen la tarea difícil. Cómo clasificar realizaciones que actúan al mismo tiempo sobre la agricultura, la producción de energía, la renovación energética de las habitaciones, la economía circular, las monedas locales, la movilidad, la educación…? Y que comprometen todo tipo de ciudadanos, de colectividades locales y empresas? Estamos ante un territorio de innovación, muy móvil: nuevos actores económicos llegan sin cesar y muchos se van a romper la crisma. El sector de la renovación energética, por ejemplo, ve florecer start-up especializadas en la gestión de la calefacción- habitación “inteligente”, en red, etc. No es casualidad si Google compró últimamente por 3,2 millares de dólares una start-up californiana que fabrica termostatos inteligentes…

 

La transición será pronto?

 

En todo caso está a nuestro alcance. Construir habitaciones menos consumidoras de energía es ya una realidad. Como renovar los edificios de manera de dividir su factura energética por tres o por cuatro (aunque cueste caro). Idem por la movilidad, otro desafío esencial:  ya sabemos fabricar automóviles livianos que consumen 1 a 2 litros por 100 kilómetros (en relación a los 7,8 litros actuales). La tasa de renovación del parque de vehículos oscila entre diez y quince años: en dos cambios, en treinta años, podemos dividir por cuatro el consumo medio! La misma observación para la agricultura, donde el orgánico aumenta paralelamente a los modelos convencionales.

 

Sin voluntad política esas iniciativas pueden extenderse?

 

Lo experimental puede devenir dominante? La energía solar, hoy marginal, será nuestra fuente de energía principal? Imposible de decirlo ahora y es lo que hace que la innovación sea tan apasionante de observar. Vea los primeros modelos de aviones en el siglo XIX. Hormiguean de invenciones, de pistas variadas! Vivimos lo mismo, salvo que la innovación no es sólo  técnica sino también social y económica. Y nunca se sabe quién ganará. En el norte de Francia, en un universo económicamente golpeado, se ve, distante de algunos kilómetros, Hénin-Beaumont y Loos-en-Gohelle. La primera es una pequeña ciudad que se repliega sobre ella misma y se radicaliza mientras que la otra es un formidable proyecto de transición ecológica y social.

 

Fuente

http://www.telerama.fr/monde/la-vie-sans-petrole-c-est-possible,116671.php

 

 

 

 

 

 

 

 

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014