Los nazis "pinchados" 'o escuchados)

Nazis « pinchados »

 

Par André Burguière, publicado el 10 de Junio 2013

Profesor de Historia antropológica (campo también de esta humilde traductora) en la EHESS (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París)

Es autor de libros esenciales para la comprensión de la evolución de nuestro comportamiento ante nuestros cuerpos y la familia. Publicó una monumental historia de la familia;  « Desnudez y pudo. El mito del proceso de civilización » ; “La famillia en Occidente del siglo XV al XVII : el cura, el príncipe y la familia” ;” El matrimonio y el amor en Francia : del Renacimiento a la Revolución”.

 

 

Después de la guerra, las conversaciones de los prisiones alemanes que habían participados a la « Shoah por balas » fueron grabados sin que lo supieran. Instructivo.

 

Un miembro de los comandos especiales spéciaux (Einsatzgruppen) listo para matar de una bala en la sien a un civil de rodillas al borde de una fosa donde se amontonan los cadáveres bano la mirada de un grupo de soldados alemanes.Esta foto de una ejecución de masa en Ucrania es uno de los testimonios visuales, poco numerosos, de la “Shoah por bala”, esta masacre de centenas de miles de judíos del este europeo precedió a la exterminación industrial en los campos de la muerte.

 

Fue un choque para la opinión alemana descubrir esas fotos en 1995, durante la exposición  ambulante sobre la Wehrmacht. Las imágenes revelaban, a aquellos que podían todavía dudar, que los soldados ordinarios habían asistidos y a menudo tomado parte en las masacres. Este desarmado brutal de la memoria nacional correspondía a un momento en el cual una nueva generación de historiadores alemanes, tomaron a su cargo las investigaciones hasta entonces sobre todo anglosajonas, habían decidido desnudar un pasado que no quería pasar.

 

Masacres de rutina

 

El apasionante libro de Sönke Neitzel et Harald Welzer prolonga la empresa de descubrimiento apoyándose en miles de páginas de transcripción  de las charlas entre soldados alemanes prisioneros de los británicos que grabaron en secreto. Cuentan las masacres de judíos con una ausencia de remordimiento que hacen temblar.

 

La escena fotografiada aquí vuelve tan a menudo en sus conversaciones que hace parte de la rutina de la guerra. Prisioneros de los británicos evocan divertidos los viejos barbudos judíos y las mujeres, con sus bebés en los brazos, que esperaban en fila esperando el momento de su ejecución. O la linda estudiante judía, convertida en su sirvienta, que los soldados violaron sabiendo al día siguiente sería liquidada.

Los oficiales superiores que benefician, en el campo de Trenk Park, de un mejor tratamiento debido a su rango manifiestan más bien su disgusto cuando se evocan esas masacres. No las ordenaron pero no hicieron nada para impedirlas y lamentan sobre todo que no hayan sido mejor disimuladas. “Si hubiéramos ido hasta al extremo de las atrocidades, hasta el cien por ciento, afirma el general de la armada Maximilian Siry, si hubiéramos hecho desaparecer la gente sin dejar rastros, ahora nadie diría nada”.

 

 

Antisemitismo paranoico

 

La explicación antropológica que proponen los autores comparando esos comportamientos criminales a los de la guerra de Vietnam o de Afganistán no convence. Es cierto que la violencia sin límites a la que se abandona la Wehrmacht se encuentra en todas las guerras modernas. Es cierto que la nobleza prusiana inculcó al soldado alemán una ética de obediencia que puede justificar los excesos. La muerte es su oficio y ama el trabajo bien hecho. Esta ética inspira a nuestros prisioneros juicios diferenciados sobre sus adversarios: desprecio por los franceses que no quisieron combatir; respeto lleno de odio por los británicos que combatieron; una real admiración por la resistencia y la combatividad de los rusos.

 Pero por qué el destino de los judíos no les inspira ninguna compasión ? No se puede explicar la crueldad deliberada de esos soldados sólo por el condicionamiento ideológico al cual los sometió el régimen hitleriano. Un antisemita paranoico, un místico comunitario de la superioridad del pueblo alemán y la euforia de los primeros sucesos militares barrieron las prohibiciones de la moral habitual No olvidemos que desde los primeros meses de la campaña de Rusia, en el entusiasmo de su avance victoriosa y no cuando el rudo invierno de Stalingrado los clavó en el hielo, que las tropas alemanas se lanzaron en esas masacres de masa.

Thomas Mann decía en « El Doctor Fausto » que la Shoah aplastaría al pueblo alemán bajo el peso de la vergüenza y que no se levantaría jamás. Desde  Willy Brandt, los gobiernos alemanos, muy pronto apoyados por los historiadores, han hecho un esfuerzo de esclarecimiento y de arrepentimiento, sin equivalente en Austria o en Japón, que pudieron conjurar esta predicción. Pero como lo muestra la investigación “Abuelo no era nazi”, llevada a cabo en Alemania unificada, las negaciones y los disfraces de la memoria familiar no aceptan todavía las puestas al día de la memoria de estado.

 

« Soldats. Combattre, tuer, mourir »,(« Soldados. Combatir, matar, morir”) por Sönke Neitzel y Harald Welzer, Gallimard, 616 p., 28,90 euros.

 

«Grand-Père n'était pas un nazi». National-socialisme et Shoah dans la mémoire familiale, (« Abuelo no era nazi » Nacional socialismo y Shoah en la memoria familiar) prr Harald Welzer, Sabine Moller, Karoline Tschuggnall, Gallimard, 342 p., 22,90 euros.

 

Sonke Neitzel es historiador del nazismo. Harald Welzer, sicólogo, dirige en Essen el Centro de Investigación interdisciplinario sobre la Memoria, institución a la cual colabora también la historiadora  Sabine Moller de la Universidad Humboldt de Berlín. Karoline Tschuggnal es miembro del Instituto de Psicología de la Universidad Libre de Berlín.

Fuente :

 

http://www.crif.org/fr/alireavoiraecouter/nazis-sur-%C3%A9coute/37403

 

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014