Nuestros antepasados y las crisis

Nuestro antepasados sabían controlar  las crisis

Autora: Marylène Patou-Mathis

 

Directora de Investigaciones del CNRS (Centre National de Recherche Scientifique, Francia. Departamento de Prehistoria del Museo Nacional de Historia Natural, Paris)

 

En la gran gruta de Shanidar en el actual Kurdistan (Iraq), algunos esqueletos de hombres de Neardental, datados entre 60.000 y 40.000 años, presentan graves traumatismos. Uno era tuerto, porque había recibido un golpe sobre la órbita izquierda. Otro, cojeaba, victima de una malformación del tobillo. Un tercero había sufrido la amputación del brazo derecho. Todos habían sobrevivido a sus heridas y sus huesos muestran las marcas de las lesiones.  A pesar de ser lisiados, no habían sido eliminados por su clan!

Así, los hombres de Neardental poseían nociones de medicina y de farmacopea, al punto que uno de ellos había muerto extendido sobre una cama de plantas medicinales. Pero, sobre todo, los primeros hombres cuidaban los suyos. Esta actitud se encuentra, más de 400.000 años más temprano en Sima de los Huesos en España. Un niño Homo heildelbergensis (ancestro directo de los hombres de Neardental) que sufría de un atraso mental debido a una sinostosis craneana que había creado una deformación del cráneo pero también un desarrollo anormal del cerebro, vivió hasta los 8 años.

Por otro lado, desde 100.000 años, al menos, como lo prueban los descubrimientos de las sepulturas, nuestros ancestros tenían consciencia de la muerte y cuidaban sus muertos; algunos hasta han enterrado sus fetos! Estos ejemplos testimonian de la existencia, desde esas épocas antiguas de la compasión, de la empatia y de la solidaridad.

En el transcurso de su larga historia, los hombres han atravesado varias crisis, si algunas serán para siempre ignoradas, otras nos son conocidas. Las han sobrevivido, si no no estaríamos aquí. Nuestros lejanos antepasados sobrevivieron a varias crisis climáticas mayores: cuatro glaciaciones y, hace unos 10.000 años, un fuerte recalentamiento.

En Europa, las cuatro faces glaciares modificaron considerablemente su medio ambiente, especialmente la cubertura vegetal. Cazadores recolectores nómades, conseguían su subsistencia en la naturaleza. Eran predadores, cierto, pero que se alimentaban principalmente de plantas y de animales salvajes. Frente a la escasez de recursos vegetales, modificaron su alimentación e incorporaron más carne. Se convirtieron en más cazadores que recolectores y se pusieron a cazar grandes mamíferos como los bisontes, los caballos, los renos y aun los mamuts.

 

Este comportamiento nuevo se inscribió definitivamente en sus tradiciones. Las conservaron aun durante los periodos más temperados, durante los cuales la vegetación recolonizaba el continente. Los hombres de Neardental y los primeros hombres anatómicamente modernos fueron en efecto “grandes comedores de carne”, como lo confirman los análisis biogeoquimicos realizados sobre sus esqueletos. Sin embargo, esta adaptación “de orden económico” no podía tener éxito sin un comportamiento sociocultural adaptado.

 

VALORISACION DE LA AYUDA MUTUA

 

La existencia de esos pueblos cazadores recolectores que vivian en pequeñas comunidades que no excedían las 50 personas, dependían de cada uno de sus miembros. Para mantener la cohesión del grupo, el colectivo debía tener la ascendencia sobre la individualidad gracias a la valorización de la ayuda mutua, de la cooperación y del compartir del alimento y de las tareas. Todos esos valores, a considerarlos desde un punto de visto adaptativo y no moral, han sido los factores claves del suceso evolutivo de nuestra especie.

 

Contrariamente a las ideas recibidas, las innovaciones no son solamente  una respuesta adaptativa a los cambios climáticos, corresponden igualmente  a una evolución cultural. De hecho, y según los nuevos datos genéticos, la disminución de sus efectivos habría comenzado a partir de 100.000 años, es decir mucho antes de la llegada del Homo sapiens. Por otro lado, constatamos la ausencia de guerras durante todo el paleolítico, lo que no excluye los conflictos interpersonales, pero aparentemente no asesinos. Es cierto que una buena relación entre pequeñas comunidades dispersas sobre vastos territorios era indispensable para asegurar la reproducción, y por lo tanto su supervivencia.

La única excepción hasta ahora descubierta es la puesta en evidencia de una o varias masacres en el Sitio 117, necrópolis situada sobre la orilla derecha del Nilo, en Sudan. Hace entre unos 14.000 y 12.000 años, 59 cuerpos de mujeres, hombres y niños de todas las edades (solos o por 2, 3, 4 o 5) en fosas ovales de fondo plano cubiertas de estelas delgadas. Al menos la mitad de entre ellos habían muerto  a causa de golpes violentos o atravesados por puntas de proyectiles. Además, según la trayectoria de los proyectiles, tres de los hombres  estaban por tierra cuando se continuó tirando (tenían de 6 a más de 20 trazos en el cuerpo). Este raid es quizá el hecho de grupos nómades alejados de esta región fértil que favorecía la sedentarización.

 

De todos modos, la hipótesis del filosofo René Girard de la existencia en los humanos de una "violencia primordial" es desmentida por las investigaciones realizadas en prehistoria. En el mismo sentido, con pocas excepciones, la llegada en Europa, hace unos 8.500 años de pequeños grupos de agricultores y de pastores llegados del Levante y de Anatolia no parece haber generado guerras entre esos migrantes y los pueblos autóctonos, todavía cazadores recolectores. Por el contrario, según los datos arqueológicos  de los pueblos y de las necrópolis neolíticas, existían conflictos al interior mismo de esas comunidades sedentarias que se habían instalado recientemente.

Los pueblerinos que vivían en Thalheim en el Bade Wurtemberg (Alemania) amontonaron sin orden en una fosa común 34 cuerpos: 18 adultos, masculinos y femeninos, y 16 niños de más de 4 años. Esos individuos, que eran parientes, habían sido salvajemente matados, como lo testimonian los impactos de puntas de flecha, los múltiples rastros de golpes de mazas o de hachas sobre todo en los cráneos. Seres humanos fueron matados por diferentes razones: regulación demográfica, epidemias, ritos funerarios ...

 

Nuestros antepasados sin embargo, fueron confrontados a otra crisis mayor, la de la explosión demográfica local debido al aumento de la sedentarización. El gran recalentamiento climático que comienza hace unos 10.000 años produce en el Cercano Oriente la escasez de la vegetación y sobre todo de los animales. Esta disminución de los recursos alimenticios obligan a los hombres a innovar para sobrevivir. Van a domesticar las plantas, en particular en una región de lluvias, llamada la Medialuna fértil (zonas planas que se extienden desde la India hasta el Mediterráneo con epicentro en Kurdistan e Iraq actuales) y luego los animales. Es en ese momento que los cazadores recolectores se convierten en agro-pastores y que al paleolítico le sigue el neolítico. Esta mutación económica, de la presa a la producción, que permitió la aparición del excedente de elementos, y por lo tanto de la riqueza, será   muy pronto, quizá desde los 6.500 años antes de nuestra era, el origen de un cambio radical de las estructuras sociales.

 

Según los datos arqueológicos, con el desarrollo de la agricultura y de la ganadería combinado al progreso demográfico como resultado, aparece progresivamente la especialización de los individuos y, luego la de los grupos de individuos. Este cambio de organización es el origen de la división social del trabajo, de la aparición de las castas, entre ellas la de los guerreros, y por lo tanto de la jerarquía que lleva a menudo a las desigualdades económicas y a las diferencias de tratamiento de las personas al interior de los grupos. Los guerreros, con cualidades físicas y morales especificas, se convierten en personajes importantes de la sociedad, son semi dioses.

 

Bravos y rodeados de prestigio, acumulan los bienes de lujo, como lo testimonia la riqueza de sus sepulturas. Al mismo tiempo que la casta de los guerreros aparece la de los esclavos, a menudo prisioneros de guerra. En efecto, entre 4.500 y 3.500 antes de nuestra era, a lo largo de una amplia medialuna que va del sur de Francia al este de Europa Central, los esclavos han sido sacrificados para acompañar hasta la muerte a su señor. En varias fosas circulares, junto a un difunto enterrado de modo convencional (en el centro y en posición fetal) otros cuerpos fueron arrojados, sin miramiento, contra los muros. La aparición de una élite, que posee poderes y bienes, que actúa solo por sus intereses y sus rivalidades, ocasiona el desarrollo de conflictos internos en las comunidades  y con las otras comunidades.

 

LA GUERRA SE INSTITUCIONALIZA

 

La intensificación de la guerra en Europa a partir de 5.500 antes de nuestra era parece estar en correlación  a estos cambios de estructuras sociales combinados al aumento de las riquezas que se convierten en objeto de deseo y de botines en potencia. En la edad de bronce, que comienza hace unos 3.000 años, aumenta el comercio de larga distancia de bienes de prestigio, como lo testimonian el descubrimiento de escondites de objetos de metal. Aparecen entonces verdaderas armas de guerra en metal y la guerra institucionalizada se desarrolla. También en el trascurso de este período se observa  un cambio radical en las creencias: las diosas madres dejan el lugar a los dioses masculinos. Esta transformación podría traducir, para algunos arqueólogos, una modificación del sistema familiar, el patriarcado habría reemplazado al matriarcado.

 

Seguramente el enriquecimiento y la guerra continúan  haciendo buena asociación en las sociedades humanas, pero su presencia obsesiva no debe hacer olvidar que, durante centenas de miles de años, nuestros antepasados y primos homínidos experimentaron modo de vida no violentos donde la cooperación solidaria era más fuerte que la brutalidad de los intercambios desiguales.

 

Fuente para la traducción

Http://www.marianne.net/Nos-ancetres-eux-savaient-maitriser-les-crises_a225440.html?

 

Una versión se publicó en el semanario Marianne del 22 de diciembre de 2012, n° 818

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014