Por los musulmanes

 

Me dirán “tenemos suficiente con lo que vivimos cotidianamente en la Argentina, qué nos venís con la revoluciones árabes, los musulmanes y los islamistas, el Otro tal como lo ven los franceses o los europeos!”.

 

Les contestaré que lo interesante de mirar los errores lejanos es que nos apaciguan primero y luego, en estado de tranquilidad mental, nos permiten reflexionar sobre nuestras propias actitudes. Plenel cita en extenso un artículo de Emile Zola y nos sugiere de cambiar “judío” por “musulmán”. Por mi parte, les sugiero de cambiar, en un segundo tiempo, “musulmán” por “gorila”, “k” y todo otro grupo social que no “amemos”. Los dijo elegir.

 

El autor de este largo artículo, del que traduzco sólo una parte, fue el responsable del comité editorial de Le Monde. Se fue hace casi una década y fundó el segundo, si mal no recuerdo, periódico web escrito por verdaderos periodistas de investigación. Mediapart, así se llama este sitio web (me enorgullezco de estar entre los abonados desde el principio, quiero decir que vive de lo que pagamos nosotros los lectores). Les decía, Mediapart con sus investigaciones y publicaciones terminó con la carrera no muy gloriosa de ministros de Sarkozy y aún, no hace tanto, del ministro del Presupuesto del actual presidente francés Hollande.

 

Por los musulmanes

 

Autor: Edwy Plenel , publicado el 18 de agosto de 2013

 

(…) Las generalizaciones no son solamente estúpidas, son sobre todo peligrosas. Confundir una comunidad – por su origen, su cultura o su creencia- con los actos de individuos que se dicen pertenecer a ella, es hacer el lecho de la injusticia.  Y dejar instalarse, por nuestro silencio,   esos discursos, es habituar nuestras consciencias a la exclusión, instalando (en nuestras consciencias) la legitimidad de la discriminación y  la amalgama como algo respetable. En el siglo XX, la tragedia europea nos enseñó la fatalidad de ese engranaje, en la aceptación pasiva de la construcción de un problema judío.  Aunque sólo fuera  porque tenemos la responsabilidad de esa herencia nos negamos, de toda nuestra alma , a aceptar esta insidiosa construcción contemporánea de un problema musulmán.

 

Porque, habremos olvidado lo mejor de nosotros mismos?  Ese sobresalto de las consciencias francesas que quedó como la alarma profética cuyo eco, si en el momento salvó un hombre y una nación, no supo, ay!, impedir la catástrofe del genocidio? Esta defensa, a través de la causa de un individuo, Alfred Dreyfus, del pueblo, del pueblo judío, al cual se lo identificaba, en la encrucijada de un origen, de una cultura y una religión?   Ese rechazo no solamente de la injusticia de estado del cual era víctima el capitán sino también del antisemitismo ordinario y cotidiano, por el cual se construía y se instalaba el odio, inconsciente de sí mismo,  del Otro, en la ciega esencialización de una comunidad, asignada por las caricaturas, prejuicios y fatalidades.

 

(Plenel recuerda que la memoria francesa recuerda sobre todo el artículo de Emile Zola J’accuse (Acuso) publicado en la primera página del periódico L’Aurore del 13 de enero de 1898. Pero menos recuerdan que hubo otro artículo que lo precedió y firmado por el mismo Zola, quien había recibido honores del estado francés y que, sin embargo se había atrevido a publicar un texto en el cual comenzaba a poner al descubierto el insidioso veneno del prejuicio religioso. Fue ese artículo que llevó a los amigos de Dreyfus a pedirle su colaboración)

 

 Es entonces un artículo publicado un año y medio más temprano, el 16 de mayo de 1896, en Le Figaro, cotidiano poco conocido por su radicalidad y audacia. El título es simplemente, Pour les juifs (Por los judíos), y alcanza con reemplazar, en sus primeras líneas, la palabra “judío” por “musulmán” para comprender la resonancia con nuestra “poca: es un grito de cólera contra un clima deletéreo. “Desde hace algunos años, empieza diciendo Zola, sigo la campaña que se trata de hacer en Francia contra los judíos, con una sorpresa y un asco crecientes.  Esto me parece tener el aire de una monstruosidad, quiero decir una cosa fuera de todo buen sentido, de toda verdad y de toda justicia, una cosa tonta y ciega que nos llevaría a siglos atrás, una cosa que terminaría en la peor de las abominaciones, una persecución religiosa, ensangrentando todas las patrias. Y quiero decirlo.”

 

 

 

Zola se dirije explícitamente a los suyos, como sin duda lo hacemos nosotros aquI mismo tanto el problema musulmán divide a nustros propios lectores. El evoca, por otro lado, esos « amigos míos », que « dicen que no pueden aguantarlos » como otros, hoy, no soportan  la afirmación de una fe o de una identidad musulmanas. Y se esfuerza de desmontar sus prejuicios, y el principal de ellos, aquel, bajo fondo de viejo antijudaísmo cristiano – « nuestros mil ochocientos años de imbécil persecución », escribe, -  fue la matriz del antisemitismo moderno: el reproche hecho a los judíos de ser un pueblo aparte  del cual sale el « amor del dinero », el bolchevismo, del ser judío a la amenaza comunista, sin patria  ni frontera.

 

Describiendo su mecanismo, sintetiza remarcablemente el argumento según el cual se hace aceptable un racismo cuyos objetivos pueden siempre variar según las épocas, los contextos y las circunstancias. “Los judíos, resume, son acusados de ser una nación en la nación, de llevar una vida aparte, una vida de casta religiosa y de ser así, por encima de las fronteras, una especia de secta internacional, sin patria real, capaz un día, si ella triunfara, de tener en mano sobre todo el mundo”. Donde reencontramos  nuestros fantasmas de hoy sobre el « enemigo interior » que instalaría permanentemente  un islam  amenazador, potencialmente sino es naturalmente terrorista,  identificado sin distinción a nuestros compatriotas musulmanes, por su origen, su cultura  o su creencia.

 

 « Que haya, entre las manos de algunos judíos, un acaparamiento dudoso de la riqueza, es un hecho cierto, retruca Zola para terminar. Pero el mismo acaparamiento existe entre los católicos y los protestantes. Explotar las revueltas populares metiéndolas al servicio de una pasión religiosa, echar el judío como presa de las reivindicaciones de los desheredados, bajo el pretexto de echar al hombre de dinero, hay aquí un socialismo hipócrita y mentiroso, que hay que denunciar, que hay que ajar.” En total, el escritor negaba ese primer paso del rechazo del Otro que consiste en fijarlo fuera de toda la historia, de toda contradicción y de todo pluralismo, en resumen, a negarle su libertad.

 

 (Plenel termina diciendo) Es en el reconocimiento de las minorías que se juega la vitalidad de una democracia aceptando la diversidad de los suyos, la pluralidad de sus condiciones, la riqueza de sus diferencias. Y construyendo, por el respeto de sus no parecidos, un parecido superior, el que proclaman los principios dinámicos, jamás  agotados de libertad, igualdad y fraternidad. Bajo el problema musulmán, se juega, en realidad, el problema o la cuestión francesa: nuestra capacidad a inventar la Francia que, en lugar de crisparse sobre una identidad fantasmeada y mortífera, se lance hacia el mundo haciendo de su relación con la diversidad  la mejor de los códigos de apertura. Por los musulmanes entonces porque defendiéndolos, somos todos nosotros que salvamos.

 

http://www.mediapart.fr/journal/international/180813/pour-les-musulmans?page_article=3

 

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014