La fuerza del prejuicio

 

La fuerza del prejuicio

 

Propósitos recogidos por Guy Konopnicki en Marianne2.fr del 19-05-2013, 12:003

(Los neologismos pueden sorprender - son, quizá, su razón de ser – y son numerosos en el pensamiento de Taguieff. Hice lo posible por no traicionar el texto y los, simplemente, castellanicé. Nota de la traductora).

 

 

 

Marianne: El “Dictionnaire historique et critique du racisme” define todas las formas de rechazo y de odio racistas xenófobos, antisemitas, homófobos, etc. Sin embargo en el título usted utiliza un concepto único, el racismo, expresado en singular. Ese término engloba a todos los otros?

 

Pierre-André Taguieff: Hubiera podido utilizar la palabra “racismo” en plural o utilizar como término genérico el neologismo “heterofobia”, remitiendo a todas las formas de rechazo fundados en el odio, el temor o el desprecio des los “otros” o de los “diferentes”. Pienso que se pueden distinguir varios “racismos”, por comenzar el viejo racismo biologizante y desigualitario, racismo explícito y revindicado que no desapareció pero que es hoy residual en las democracias pluralistas y el neo-racismo cultural y diferencialista, algunas veces “velado”, muy a menudo implícito, sutil, indirecto, no revindicado, hasta envuelto en declaraciones de estilo antiracista.

 

Pero el mundo editorial tiene razones que se ríen de los razonamientos de los especialistas. “Racismo” es aquí empleado como término genérico convencional o como una abreviación, inmediatamente descodificable por “racismo(s), xenofobia, antisemitismo”, etc. Por otro lado, el recurso a la palabra “racismo” permite comprender que ella aborda correlativamente el antiracismo, que aparece bajo varias formas históricas, implicando los juegos de argumentos muy diferentes.

 

El antiracismo oscila entre dos lógicas opuestas: la universalista, cuya norma es la de trabajar para multiplicar los parecidos y aquella, diferencialista, ordenada para la preservación de las diferencias colectivas. El antiracismo nacido de la antiesclavitud, por ejemplo, constituye una tradición en la que se debe distinguir los antiracismos ligados respectivamente al anticolonialismo, al antisemitismo y al antifascismo.

 

Marianne: En la “Nueva Judeofobia” usted propuso un término más adaptado a las formas contemporáneas del odio de los judíos. Mientras que aquí utiliza el término del “antisemitismo” que data del siglo XIX, volviendo a la apelación clásica. Traduce una evolución en su pensamiento?

 

P-A. T.: No, se trata de una comodidad. En lugar de publicar artículos diferentes para la judeofobia antigua, al antijudaísmo cristiano, al antijudaísmo anticristiano de las Luces, al antisemitismo en el sentido estricto del término (odio de los judíos legitimado por una doctrina racista) y a las formas contemporáneas de la judeofobia (que tienden a confundirse con el antisionismo radical) elegí abordar todas esas figuras históricas de la hostilidad hacia los judíos en un solo artículo al que dícomo título “Antisemitismo”, sacrificando así al uso corriente, criticable pero persistente.

 

No sin paradoja, pongo en cuestión en este artículo el uso de la palabra “antisemitismo”. Un artículo distinto es consagrado al antisionismo, término equívoco en sus empleos ordinarios. Este equívoco viene de sus empleos que oscilan en permanencia entre dos significados: por un lado, una crítica legítima, en una perspectiva liberal/pluralista de esta o aquella política de uno u otro gobierno israelí (lo que no tiene nada de judeofobia o de racismo) y por el otro lado, una empresa de estigmatización y de diabolización del Estado judío, condenado a ser eliminado como tal (lo que revela del racismo).

 

Esta negación del derecho del pueblo judío a vivir como todo pueblo en un Estado-nación soberano y del llamado a su erradicación forman el núcleo del programa del antisionismo radical, nueva forma de la judeofobia exterminadora. Ese es el mensaje periódicamente lanzado por el presidente iranio.

 

Marianne: Las entradas “Jazz”, “Música y antisemitismo”, “Música y etnicidad”, evocan las fobias recurrentes desde Wagner, la angustia de una destrucción programada por la música judía o los ritmos afro-americanos o las dos mezcladas, tratándose del jazz. Se encuentra esta misma fobia de una destrucción cultural en Céline, Maurras, Whilelm Marr, etc. Esta obsesión de la destrucción identitaria por un complot cultural no es la forma más actual del racismo y del antisemitismo?

 

P-A. T.: Usted plantea un problema interesante para la historia de las ideologías racisantes. Es, en efecto, este gran miedo paranoico de la destrucción de una identidad cultural que representa la herencia principal de las doctrinas racistas propiamente dichas, las que fueron elaboradas en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Se la encuentra en todas las formas de neoracismo cultural y diferencialista, en todos los etnonacionalismos contemporáneos, en las formas más conspiracionistas de los movimientos nacional-populistas.

 

Marianne: Hay una entrada “Breivik (Anders)”, pero usted no aísla el “caso” Mohamed Merah. Por qué? (Mohamed Merah es un joven francés que en 2012 en la ciudad francesa de Toulouse, matóa cuatro legionarios franceses musulmanes que habían vuelto de Afganistán y a tres niños judíos y a uno de sus padres en una escuela judía . Nota de la traductora).

 

P-A.T.: Hay una diferencia temporal, los actos terroristas de Breivik ocurrieron en julio del 2011, lo que permitió pedir un articulo sobre el caso. Los de Merah son de marzo 2012. La lista de entradas ya había sido establecida. Por otro lado, si el “caso” Breivik podía ser considerado como un índice mayor de la entrada en un nuevo régimen de terror, específicamente ligado a la emergencia de un nacional-racismo europeo (no reductible al “neonazismo” residual), el “caso” Merah era de otra naturaleza y se inscribía en la serie de asesinatos con objetivos simbólicos cometidos por los islamistas jihadistas. Habría sido necesario abordarlo en un nuevo articulo tratando del islamismo jihadista contemporáneo y de sus principales objetivos (judíos, americanos, franceses, descreídos, etc), caracterizados como “enemigos del islam y de los musulmanes”. Podemos considerarlo para la segunda edición.

 

Marianne: La diversidad de los autores transparentan polémicas internas del libro. Por ejemplo, en el artículo “Luces”, Jean Mondot escribe: “Las Luces no merecían el proceso que se les ha intentado a propósito de los racismos contemporáneos”. Y remite a tres autores, Poliakov, Hertzberg y … Taguieff! Cuál es el principio unificador del diccionario, con 250 autores?

 

P-A.T.: El principio unificador no es de orden ideológico o político, reside en un pluralismo que deja a los redactores toda libertad de tratamiento, la voluntad de otorgar informaciones verificadas, referencias solidas y los elementos de reflexión que permitan rever los debates en torno de los racismos y de los antiracismos. Sobre las relaciones entre la ideología del progreso y la formación o la legitimación de las doctrinas raciales del siglo XIX, los especialistas no se ponen de acuerdo.

 

En mi artículo “Progreso” subrayo la ambivalencia de la herencia progresista que se encuentra a la vez en el racismo evolucionista y en ciertas formas primeras del antiracismo anti-esclavista o anticolonialista. La discusión científica sobre las nociones está presente en el Dictionnaire en el cual se encuentran también posiciones divergentes sobre los compromisos “antiracistas”.

 

 

Marianne: Varios artículos valorizan el modelo francés, a propósito de las Luces, de Clemenceau, de la concepción de la nación o de la crítica del comunitarismo. Aunque hay textos severos sobre el colonialismo o sobre Vichy se podría reprocharle que valorice una nación en un libro crítico sobre el racismo...

 

P-A.T.: El reproche es infundado. La crítica del etnocentrismo a la francesa, de las formas de la xenofobia o de las ideologías racistas propias a Francia es desarrollada en los artículos sobre ciertos autores, sobre nociones fundamentales (“Etnocentrismo”) o sobre cuestiones transversales (“Belleza”, “Progreso”, etc). Si el punto de vista universalista está presente en numerosos artículos, es también discutido en otros, que ponen el acento sobre los aspectos perversos (imponer un modelo único de humanidad, justificar la uniformización cultural, etc) o sobre sus usos legitimizantes ( de un imperialismo, de prácticas de marginalización, etc).

 

Por otro lado, la exigencia de universalidad no se reduce a la figura del universalidad republicana a la francesa, que implica la asimilación de los individuos a quienes se quitan sus identidades culturales particulares y la fabricación, a la moda jacobina, de ciudadanos ilustrando el tipo de “el hombre nuevo”, del hombre “regenerado”, presentado como el humano ideal y normativo. Los valores universales nacen siempre en un grupo definido pero no les pertenecen. Es así con el principio de laicidad.

 

Dictionnaire historique et critique du racisme, sous la direction de Pierre-André Taguieff, PUF, 1.964 pages, 49€.

 

 

 

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Date de dernière mise à jour : 24/10/2014