Todavia la banalidad del mal!l

Todavía la banalidad del mal !

Autora :  Michelle-Irène Brudny

Profesora de Universidad en filosofía política

 

Publicado: 25/03/2013 05h11, HuffPost

 

 

La última película de  Margarethe von Trotta, Hannah Arendt, no es un biopic (película biográfica de una personalidad pública. Nota de la traductora). Necesitamos seguir sus pensamientos, su transcurrir y el trabajo de la filósofa entre el rapto de Eichmann en las afuera de Buenos Aires y una fecha  un poco indefinida, en plena controversia en torno de Eichmann en Jerusalem, texto menos coherente que se lo supone, primero aparecido « en entregas » en el New Yorker, impreso en papel  glacé entre propagandas glamour, unos dos años después del comienzo del juicio.

 

La película funciona bien. Los espectadores se apasionan por este medio intelectual ce Nueva York y por el fuego de sus discusiones, con  Hannah Arendt y su marido el ex espartakiste, Heinrich Blücher (admirable Axel Milberg), Mary McCarthy et Lotte Köhler, ses amigas cercanas (la segunda es transformada en secretaria muy intuitiva), Hans Jonas y su mujer Lore, et por fin, Charlotte Beradt (Soñar bajo el  IIIe Reich), amiga de Blücher y de la pareja. Como inter títulos y puntuaciones geográficas, los espectadores, antes y después de Jerusalem, se absorben en dos planos de  Manhattan con sus luces nocturnas. En Israël, siguen el juicio con mucho interés gracias a las imágenes filmadas por  Leo Hurwitz (una parte de las mismas fueron puestas en  YouTube en 2011 para el cincuentenario del acontecimiento). Estaba excluido de utilizar un actor que encarnara Eichmann. Era imposible. El público se esfuerza también de leer los testimonios del juicio sobre el rostro de Barbara Sukowa quien encarna a la filósofa con mucha inteligencia, eficacidad y un oficio remarcable. En la realidad, Arendt no asistió que al principio del juicio y no dactilografiaba ni notas ni resúmenes en la sala de prensa. La actriz y la directora no tomaron posición entre la irritación mostrada por Arendt en su texto – lamentable vivamente que los testimonios no sirvieran para nada porque los hechos eran conocidos – y una tristeza interna más compleja. El espectador está así libre de proyectar a su parecer, lo que le es necesario porque ver al escritor Ka-Tzetnik desmayarse e interrumpir su testimonio o escuchar a un hombre fornido gritar, desde la sala, contra  Pinhas Freudiger, dirigente del consejo judío de Budapest, puede ser agotador. Arendt no estuvo presente cuando testimonió Freudiger.

En la segunda parte, necesariamente más larga, los espectadores admiran Arendt trabajando, rodeada por las pilas de carpetas que invaden el departamento, siguen su perseverancia en el pensamiento. Uno de los objetivos de la película –el desafío es grande – es precisamente mostrarla mientras piensa. Los cigarrillos prendidos uno detrás del otro son los bienvenidos, los momentos pasados recostada en un sofá/diván en un halo de humo, también. En cuanto a la controversia que provocó Eichmann en Jerusalem, la película muestra uno de sus grandes momentos : un encuentro en una calle un poco venida a menos del barrio de Midtown, precedido de un concurso de bilis pura entre intelectuales de New York conocidos o inventados pero que no es necesario reconocer para poder seguir, Norman Podhoretz, Lionel Abel, Marie Syrkin y por supuesto, William Shawn, redactor en jefe del New Yorker. Pone también en situación los ataques más personales, más aún porque Arendt vivía en Riverside Drive, un edificio elegante donde vivían numerosos sobrevivientes de la Shoah (survivor es utilizado en los Estados Unidos con un sentido más amplio que en Europa).


El conjunto de esta parte esta ritmado por los encuentros cara a cara entre Hannah Arendt y Martin Heidegger, hilados en flash-backs que siguen la cronología de su relación. Evidentemente la idea es tentadora, por múltiples razones, pero el procedimiento tiene por efecto oscurecer el propósito de la película tanto para los “especialistas” que para los no especialistas. Una termina por preguntarse si la relación con Heidegger sirve para explicar - legitimar ?- la célebre visión arendtiana de un Eichmann que hace el mal porque no piensa –condición misma de la banalidad del mal – que no tiene motivos ni está movido por una ideología, el antisemitismo por ejemplo.

La escena final que marca el regreso de Arednt en la esfera pública y sus batallas, es un discurso de seis minutos en un anfiteatro, ante estudiantes subyugados y entre ellos se destacan algunos rostros hostiles de cabellos ya un poco grises, donde ella expone la banalidad del mal. Esta intervención, ensayada por Barbara Sukowa durante un mes, tiene un aspecto teatral y constituye una respuesta general a la controversia.

Este discurso, como el conjunto de la película es muy informado. Hace especial referencia, discretamente, a una equivalencia entre mal banal y mal extremo que Arendt utiliza en su respuesta a Gershom Scholem. “Estimo hoy que el mal es siempre extremo pero jamás radical » y ese « mal extremo », que no más definido y reemplaza a menudo ahora la banalidad, permite reducir el choque entre los términos de mal y banalidad.


Los críticos subrayan a menudo, en la directora, en  Pamela Katz, la escenarista,  en Caroline Champetier, la directora de la fotografía y en  todo el equipo de la película, la seriedad de la preparación. Una parte de la rica correspondencia de Arendt es muy bien movilizada y produce mucho interés, aunque si por las necesidades de la ficción es con Blumenfeld, su mentor sionista, que ella utiliza su respuesta a Scholem: ella no podría amar al mueblo judío, no ama que a sus amigos, es decir a personas .

Sin embargo hay un verdadero problema de « fuentes » y de perspectiva. Puede imaginarse un solo momento que la biógrafa Arendt, Elisabeth Young-Bruehl, desaparecida brutalmente hace dos años, o la mejor amiga de Arendt al final de su vida, Lotte Kölher, fallecida poco después o el devoto ejecutor literario actual, Jerome Kohn, explicar que Arendt solamente asistió al principio del juicio, que se dejó impresionar por la apariencia de Eichmann, que no comprende que hace parte de su estrategia de defensa pero que no es tan insignificante como se lo dice, o lamentar que ella no conozca suficientemente el contexto histórico – el reproche más constante y fundamentado de Scholem – y, sobre todo, la situación de los consejos judíos?  Estos amigos cercanos de Arendt son más bien menos informados todavía sobre el contexto y lo creen, entonces, al pie de la letra. Se los ve citar su carta a Mary McCarthy,  por lo tanto cierta: eres la única que comprende que « escribí este libro en una extraña euforia ».

 

Esta película presenta el « caso » como si la controversia no hubiera tenido lugar o como si ella hubiera tenido un alcance limitado. Como si Arendt no hubiera reconocido, es cierto sin mucha publicidad, que no disponía de respuestas cuando hizo sus graves preguntas. Como si ella hubiera realmente definido la banalidad del mal y propuesto una teoría sobre el objeto. La crítica que se puede hacer no es la de las diferencias de la ficción con respecto a la realidad histórica ? Es el caso, es cierto pero no es lo más importante. La verdadera crítica es que la película renueva el retrato de una Arendt de leyenda, pensadora sin temor pero sobre todo sin reproche, inexplicablemente perseguida por espantosos detractores o aún por agentes secretos israelíes vestidos de KGB.

 Lore Jonas logró, después de un tiempo a hacerse reconciliar Hans y Hannah, los dos discípulos del seminario de Heidegger en Marburg, con esta fórmula extraordinaria: “Hans, no es más que un libro”. Pero, es el caso? El interrogante está siempre presente. Y esta controversia intelectual, única en su género, es interminable. Esta película ofrece, involuntariamente, una confirmación suplementaria.

Fuente: http://www.huffingtonpost.fr/michelleirene-brudny/film-anna-harendt_b_2934008.html

 

Ajouter un commentaire
Code incorrect ! Essayez à nouveau

Date de dernière mise à jour : 24/10/2014